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09.04.2026

El delantero francés del Real Madrid Kylian Mbappé, en el suelo tras una jugada del partido entre el Mallorca y el Real Madrid en Son Moix / CATI CLADERA / EFE

Hace unos días en uno de mis artículos ponía en cuestión determinadas dudas sobre el uso de la IA (Inteligencia artificial). Venía a decir que "la IA nos la están metiendo a machacamartillo como la panacea del presente y del futuro". También decía que "el problema estribaba en que no nos advierten sobre sus riesgos y peligros". Para terminar añadiendo un chascarrillo: "Da miedo pensar que llegues a entrar en un quirófano para que te extraigan la vesícula, y salgas de él con una oreja menos".

Pues bien, pocos días después, los medios de comunicación y las redes sociales se llenaron de titulares insistiendo, directa o indirectamente, en estas disquisiciones. Todo ello a propósito de un supuesto error de grandes proporciones cometido en el diagnóstico y, consecuentemente, en el posterior tratamiento de una de la rodillas del, quizás, el jugador de fútbol mejor pagado del mundo. Su nombre deportivo es Mbappe y su club el Real Madrid, posiblemente también el club con mayor presupuesto del planeta Tierra.

Según dichas informaciones, el equipo médico que le trataba una lesión en la rodilla izquierda, la confundió con la derecha, lo que vino a producir un diagnóstico que nada tendría que ver con la realidad.

Nadie puede dudar que cualquier traumatólogo, y en su caso, cualquier radiólogo, sabe distinguir la pierna derecha de la pierna izquierda. Pues entonces ¿cómo se ha podido cometer tan craso y esperpéntico error? Solo cabría pensar que hubiera sido cosa de la tecnología. Alguien que ha tocado el botón que no correspondía, o ha metido mal los datos, o no ha visto las imágenes, pues de haberlas visualizado habría descubierto el error. O quizás una conjugación de todas estas cosas a la vez. Vaya usted a saber. Pero es que, desde tiempo inmemorial, cuando el Zamora C.F. aun se llamaba Atlético de Zamora, el "Coruja" sabía distinguir cada parte el cuerpo y dar los masajes oportunos en cada caso. Décadas después los masajistas de entonces, ahora han pasado por la universidad y se han transformado en excelentes rehabilitadores y fisioterapeutas, y los médicos traumatólogos se han especializado en rodillas, en brazos, en espalda y demás partes del cuerpo humano, es decir, que la capacitación se encuentra a años luz de la de entonces.

Así que, cabría pensar que, en tal metedura de pata, error patético o situación caótica, como queramos llamarlo, ya sea humano o no, puede que haya tenido que ver, en cualquier caso, con algún ingenio de los que se utilizan en la cadena médica, y en particular con esa bicoca que dicen que es la IA. Y como la IA cuenta con todas las bendiciones para sustituir a la vista, a la razón, y a los conocimientos de los galenos, pues habría pasado algo que no sucedería en el país más subdesarrollado del planeta. Consecuencia de ello es que al citado jugador le dieron de alta sin haberse recuperado de su lesión, porque le endiñaron el diagnóstico de la pierna contraria a la afectada. El millonario futbolista, al haber jugado varios partidos con la lesión latente, corrió el riesgo de haber sufrido un agravamiento de fatales consecuencias que le hubiera obligado a permanecer en el dique seco (Expresión futbolera donde las haya) durante unos cuantos meses, o lo que sería igual que el club habría perdido unos cuantos millones de euros.

Sirva este caso como ejemplo de la duda que puede llegar a ofrecer lo de la IA. No precisamente por el hecho de que nos sintamos preocupados por el estado de salud de un jugador, al que no tenemos el gusto de conocer, ni tampoco por las repercusiones económicas que pudieran haber repercutido sobre el club al que pertenece, ya que, muy probablemente, no somos socios, sino por el hecho de haberse podido producir ese error en el diagnóstico de un personaje tan conocido, valorado en un montón de millones de euros que dejan temblando a cualquiera. De manera que la pregunta a realizar ahora podría ser la siguiente: ¿qué podemos esperar el resto de los mortales que no somos famosos, ni siquiera conocidos, y que nuestro valor en euros tiende a cero?

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