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La inteligencia artificial y el tetrástrofo monorrimo

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24.03.2026

Imagen de recurso de inteligencia artificial (IA). / INDRA - Archivo

Hace unos días tuve ocasión de ver la última película de Gómez Pereira, "La cena", que obtuvo dos premios "Goya" en el último certamen, celebrado el pasado mes de febrero. Como suelo hacer habitualmente, recurrí a Google para ver que había dicho la crítica especializada a propósito de este film. Y es que me gusta contrastar mis impresiones con las de los profesionales, aunque no les haga demasiado caso, ni les conceda excesivo crédito. Lo primero que me apareció en internet fue una información que decía que el personaje de "Franco" no aparecía en ningún fotograma de la película, precisando que solo se hacía mención a él por alusiones. Pero se da la circunstancia de que eso no es así, ya que el general aparece en varias escenas, próximas al final del filme, y además con diálogo y primeros planos.

Tal error no tendría demasiada importancia si no fuera porque, en el borde de la noticia, en un lugar no demasiado destacado, aparecían las siglas IA (Inteligencia artificial). Y es que la IA nos la están metiendo a machacamartillo como la panacea del presente y del futuro. De hecho, desde hace tiempo no hay manera de pedir una cita en ningún organismo, ya sea público o privado, ni cancelar un teléfono, sin que se tenga que pasar por las Horcas Caudinas de un robot que nos pregunta mil cosas y no nos resuelve ninguna.

El problema es que no nos advierten sobre sus riesgos y peligros. Porque, si se producen errores como éste, fácilmente constatables, en temas de fácil acceso para la mayoría de la gente, cabe pensar los que se estarán pudiendo producir en asuntos de mayor relevancia, como por ejemplo en el campo de la medicina. Da miedo pensar que llegues a entrar en un quirófano para que te extraigan la vesícula y salgas de él con una oreja menos.

Da que pensar que lo de la IA, al menos por el momento, no es algo de fiar o, al menos, no es de fiar plenamente. Se podría pensar que una técnica basada en la informática, en la que se revuelcan datos y programas en una orgía de informaciones sometidas a una serie de algoritmos, tendría que dar unos resultados inmaculados. ¿Pero si se meten datos incorrectos que puede llegar a ocurrir? y peor aún, si no se meten las informaciones necesarias ¿cómo reacciona el sistema?

Estas elucubraciones, sin duda, deben ser de primero de primaria, y ya deben estar resueltas desde hace tiempo. Pero, es que cuando se deja a una máquina que tome decisiones por ti, se pone uno nervioso, y siente la necesidad de conocerla bien y de tener la seguridad de que resulta fiable.

A lo que iba, que no estaría de más que se pusiera al alcance de todo el mundo una pedagogía de esta técnica que haga que la comprendamos. Pues si siendo adolescentes fuimos capaces de entender aquello del "tetrástrofo monorrimo", expresión con unos palabros más difícil de pronunciarse que de ser escritos, es posible que también, de adultos, seamos capaces de enterarnos de que va eso de la IA. Alguna herramienta para empezar a distinguirla de lo que procede de un ser humano, no sería ningún lujo. Al menos, para aprender a separar el grano de la paja, porque de no ser así, los robots pueden terminar acabando con nosotros.

Sin unas políticas centradas en la protección y defensa de los ciudadanos estaríamos apañados. Y, según dicen, solo hay una ley de la UE del año 2024, con una normativa que trata de regular los riesgos, los usos inaceptables, la transparencia y demás peligros, Pero la bola acaba de empezar a rodar, y falta mucho para poder estar tranquilos. Además, a cada paso que se vaya dando irán surgiendo conflictos.

Cierto que parece que en el ánimo de muchos se encuentra el deseo de incorporar un gran telón de protección, para preservar nuestra vulnerabilidad. También, para la identificación biométrica, ya sea en tiempo real o no, o para fines policiales, o en espacios de acceso público. También se dice que deberá aportarse una determinada contribución económica por el uso de esa tecnología, al objeto de contribuir a paliar el coste que va a suponer para el erario público el paro de los muchos trabajadores que sin duda llegarán a perder su empleo.

"Mester traigo fermoso, non es de juglaría / mester es sen pecado, ca es de clerecía", que decía un autor anónimo de la edad media, haciendo versos por la "cuaderna vía", o sea, utilizando el "tetrástrofo monorrimo".

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