Hasta aquí hemos llegao
La exdiputada de Vox en la Asamblea Regional, Virginia Martínez. / Iván Urquízar
¡Como está el cotarro! No se puede decir que la política murciana carezca de sentido simbólico. Apenas hemos dejado atrás el Entierro de la Sardina y ya tenemos otro; esta vez menos folklórico. Una fuerza política que comenzó presentándose con la dureza del granito ofrece ahora una imagen de jarrón resquebrajado. La diputada Martínez, con eso de irse al Grupo Mixto, ha destronado a Vox de la Asamblea. Martínez se justifica por su coherencia, por decepción y por fidelidad a unos principios que, según ella, su formación ha abandonado.
Creo que eso de la coherencia merece respeto, pues en política hay con demasiada frecuencia la "tragada de sapos" con tal de no perder un despacho, o el coche oficial, y estimo que es correcto que alguien alce la voz y diga: "Hasta aquí hemos llegao".
Virginia Marinez, además, ha cargado contra la dirección de Vox por su deriva interna, por su desorganización y por haberse alejado de los principios por los que muchos les votaron; sin embargo, considero que no se trata de repartir certificados morales, sino que lo verdaderamente inquietante es lo que transmite al ciudadano una escena así.
Un partido que hablaba de corregir a los demás y acaba enredado en las mismas fracturas, los mismos reproches y el mismo teatro descompuesto que quería combatir (aunque esta situación me recuerda a otros escenarios nacionales), pone de relieve que "no es lo mismo predicar que dar trigo".
En Murcia nos gustan los grandes adjetivos, las flores, las poses... y luego llega la realidad, que es mucho menos fotogénica y que pasa por el agua, por el campo, el relevo generacional -que pone en peligro que el sector primario siga siendo la mayor fuerza económica de la región. Cómo no, sin obviar la pobreza infantil, no olvidemos que la Región encabeza el riesgo de exclusión social infantil (encuesta de Condiciones de Vida), la dependencia en donde nuestra Región es la comunidad con mayor tiempo de espera para las prestaciones, y un largo etcétera. Y ahí, ya no basta con levantar la voz, ni con invocar principios como escapularios parlamentarios. Ahí hay que servir a la región y no al propio bando.
Por eso el asunto no es solo si Virginia Martínez ha sido coherente, quizás lo haya sido, no obstante, el tema sería otro, ya que la lectura que hacemos el pueblo de esta maniobra es totalmente diferente.
Y el pueblo, con más intuición que paciencia, empieza a desconfiar cuando ve que tras tanta proclamación de firmeza aparece una política quebradiza y cada vez más encerrada en sí misma. Empieza a pensar que quizá la deriva de ciertos proyectos no solo los perjudica a ellos, sino que puede acabar perjudicando a los intereses de la Región. Porque la Región no está para entierros de siglas, ni para bandos enfrentados, ni para vendettas de aparato, ni para batallas internas disfrazadas de cruzadas ideológicas. Está para otra cosa bastante más noble, se trata de gobernar, acordar, priorizar y resolver. Soy de la opinión de que Murcia necesita menos solemnidad ofendida y más responsabilidad.
¿Y qué nos interesa? Esa es la pregunta… No nos interesa quién gana la pelea dentro del partido, no nos interesa el relato de los agraviados. Nos interesa Murcia. Nos interesa que nadie convierta la acción pública en un ajuste de cuentas permanente. Nos interesa que, cuando alguien hable de principios, no lo haga para incendiar el patio, sino para servir mejor a la tierra que dice defender, pues la coherencia personal está bien, no obstante, la responsabilidad con la Región está muy por encima y debe priorizar.
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Entierro de la Sardina
