Volver
Una imagen representativa de un embarazo / Max Böhme en Unsplash
Como en el tango, entonado por la voz rota y hermosa de Gardel, a veces se vuelve con la frente marchita y la plateada sien. Se vuelve sabiendo que el tiempo pasó, que los esfuerzos dejan huellas y surcos, que la entrega —cuando es verdadera— nunca es inocua. Y, sin embargo, hay en ese regreso una dulzura íntima, casi inexplicable. Porque volver no es desandar: es reconocerse en lo vivido y atreverse a mirar de nuevo hacia una misma.
Hay un instante —difícil de datar y apreciar— en el que una mujer deja de ser exactamente quien era para convertirse en algo nuevo, inmenso y desbordante. La maternidad irrumpe y lo cubre todo, lo transforma todo. Y en esa entrega infinita, luminosa y exigente, una parte de una misma queda en suspenso, como si respirase en otro lugar.
Las renuncias llegan sin hacer ruido. Primero son pequeñas: una tarde sin leer, una llamada que........
