La corrupción mata
El ex secretario de Organización del PSOE Santos Cerdán durante la Comisión de Investigación del ‘caso Koldo'. / Eduardo Parra
Las palabras gruesas volvieron a presentarse el jueves en el Congreso con las explicaciones, pocas, de Pedro Sánchez sobre el accidente de Adamuz, el de Gelida, y la situación general del ferrocarril. Admitió "carencias significativas" y fue replicado con acusaciones de "crimen y negligencia" por la leal oposición. Los socios del Gobierno reclamaron, suavemente, mayor inversión y mantenimiento en toda la red. A tener en cuenta. La nota que dio Podemos achacando los males a la privatización debe ser tomada en serio.
Ahora bien, la cuestión principal no fue atisbada en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo. El presidente presumió de la extensa red de alta velocidad, la segunda del mundo, pero no hizo hincapié en lo perentorio de, además de mantenerla en condiciones óptimas, recuperar y extender líneas ferroviarias que no son tan rapidísimas, ni lo pretenden, pero que deben existir y ofrecer buen servicio.
No es solo Rodalíes. Hay mucho más. Hace 30 años el país, las comunidades y las ciudades se obsesionaron con el "juguete" del trenecito y todos se pusieron a anhelar, como los niños que aún creen en los Magos, que los Presupuestos les trajeran el capricho del AVE. Verdaderas batallas políticas y pactos contra natura —recuérdese el que trajo el AVE a Murcia por Alicante y Elche gracias a Bono, Valcárcel y Zaplana— se dieron. Tal que venía pasando desde el 78, todo el mundo quería un ejemplar de lo suyo, fuera eso autonomía, autovía, aeropuerto... o AVE.
Cayeron en el olvido, por no decir el desprecio, las líneas convencionales de corta, media y larga distancia, así como los escasísimos trazados de vía estrecha, al tiempo que la supersónica red fue copiando la estructura radial de las carreteras del dictador Franco: un remedo de aquellas N-I,N-II, N-III, etc. que partían y tenían como destino el Kilómetro Cero Nacional: la mismísima Puerta del Sol, a la sazón vigilada por la sede de la Dirección General de Seguridad.
Resultado: una traslación física de aquella España Invertebrada sobre la que escribió el sabio liberal. Y, así, en tanto que seguíamos empeñados en "boutades" ridículas (Madrid-Cuenca-Albacete-Alicante-Murcia) o en caras y osadas aventuras (Madrid-Asturias horadando la Cordillera Cantábrica) y se fueron desmantelando trazados "obsoletos" o "inservibles", al decir de los gestores ferroviarios. Adjetivos ambos aplicados desde la mera perspectiva de negocio extremo para constructoras y demás.
Se desvertebró, pues, aún más lo que estaba malamente vertebrado gracias a la Oprobiosa. Y se cometieron sandeces con la línea convencional Cartagena-Chinchilla, la supresión de la Lorca-Granada o las dilaciones indebidas, como en los juicios por corrupción, en el Corredor Mediterráneo. Por hablar solo de lo que más cerca toca, ya que en muchos otros sitios del Estado hay ejemplos similares, mientras el AVE ansiado no acaba de llegar nunca como ha de llegar.
Quizá, siguiendo la interpretación de la "maldita" Belarra, el desbarajuste actual se deba en buena medida a la liberalización aún fresca del uso de las infraestructuras de ADIF, aunque eso haya abaratado radicalmente los billetes. Es algo que debería quedar más que claro, en un sentido u otro, tras la que se supone que será una investigación exhaustiva que explicará lo sucedido y atribuirá responsabilidades. No se debe pasar por alto que, al margen del resultado, el ferrocarril "tradicional" cayó en el olvido por la canonización del AVE y dejó a cientos de miles de contribuyentes con unos servicios más que deficientes o directamente sin servicio.
Será necesario por tanto replantearse unas cuantas cosas antes de embarcarse en más extensiones dudosas del AVE. Cada zona habla de sus intereses. Por eso en la Región, en vez de lo fácil, que es clamar plañideramente y utilizar la conexión Cartagena-Chinchilla para atacar al gobierno de turno, sea cual sea, habría que ir a lo difícil: que es si no resulta más sostenible ambiental y económicamente un desdoblamiento electrificado de esa línea para ir y volver a Madrid en apenas 15 minutos más que por Orihuela-Elche-Alicante. Mejor, más bonito probablemente y seguro que más barato.
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