Elecciones iliberales
Guillermo Díaz, Senena Corbalán, Samuel Baixauli, Alfonsa García y Alicia Rubio, candidatos al Rectorado en la UMU. / L. O.
Para los defensores de lo público, es un dolor que una institución vea su prestigio ensombrecido por las sospechas de amaño de votos o de voto inducido que rodean desde la semana pasada a la Universidad de Murcia (UMU), que hoy celebra la primera vuelta de sus elecciones a rector. Y más tras el reciente golpe que supuso para ella el abandono precipitado del aún Magnífico José Luján, muy coherente con su trayectoria: de catedrático de Derecho del Trabajo, afiliado en su día al sindicato Ce-Ce-O-O, a rector otorgador de Honoris Causa al genocida Netanyahu, a servidor anunciado y próximo —salvo giro de última hora— de la cúpula patronal encarnada en la Ce-Erre-O-E-Eme.
Con tal prestigio aparecieron las nuevas de voto anticipado pastoreado por profesores de alumnos para que ejercieran bien y como dios manda su derecho al voto. Lo cual es, a todas luces, coherente con la celebración, como cada cuatro años, de unas elecciones universitarias no democráticas o, cuanto menos, iliberales. «¿Parece fuerte, verdad? La mera realidad»: me autocito de una soflama por mí firmada (y escrita) en otro medio el año de gracia de 2017, cuando José Orihuela ganó los comicios, a entre otros, el candidato ‘oficialista’, el actual consejero de Medio Ambiente y otras zarandajas.
No son democráticos, mantuve entonces y mantengo ahora, porque el sistema electoral es de «voto ponderado», según el cual el voto de un señor catedrático o un don profesor titular cuenta para el resultado dos o tres veces más que el de un estudiante o un miembro del Personal de Administración y Servicios (P.A.S.), nada que ver, por cierto, con ese personaje que ostenta las mismas siglas, expresidente autonómico, que sigue bronceando panza, espalda y calva al sol de Maiamimiamol, donde espera el resultado de su apelación al Supremo para no cumplir los tres años de cárcel que le tocaron por su excelsa gestión del municipio de Puerto Lumbreras, haciendo méritos para la ocupación de la poltrona de San Esteban.
Sorprende sobremanera, entonces y ahora, que unos ciudadanos y ciudadanas que entran a tan encomiable institución pública siendo mayores de edad y con pleno ejercicio de sus derechos ciudadanos (entre otros, votar libremente en elecciones locales, autonómicas y municipales), acepten mansamente y desde siempre que su voto valga de hecho bastante menos que el de los señores funcionarios que mantienen su situación prominente en una organización que presume falsamente de democrática. Y encima se dejen pastorear a las urnas.
Es así porque el sistema electoral constituido incumple flagrantemente el principio democrático por excelencia: una mujer o un hombre, un voto. La ponderación del voto introduce la variante espuria de unos hombres o unas mujeres, un voto; otras mujeres y otros hombres —que sumados PAS y estudiantes son amplísimamente mayoritarios—, medio voto o un cuarto de voto, depende.
«Tenemos así que la institución supuestamente vanguardia de la sociedad, cuna de la innovación, del pensamiento crítico, del debate de ideas y de tantas otras supuestas cosas se rige por un principio electoral dieciochesco, más acorde con sociedades cuasi feudales o estamentarias que con la Constitución española o cualquier otra del mismo corte avanzado», me vuelvo a autocitar con perdón del respetable.
Ese «sufragio universal ponderado», vigente en las universidades españolas con la aquiescencia borreguil del estudiantado, es un insulto a cualquier tradición de la democracia liberal, más digno de los denostados sistemas de cooptación y polo opuesto del denostado sistema asambleario. Solo es reversible, como pasó con la elección del citado Orihuela, si los estamentos menoscabados electoralmente votan unánimemente, o casi, gracias a sabrosas promesas electorales —incumplidas en el caso—. Solo una comunión del personal menoscabado (estudiantes y PAS, sobre todo) en las urnas puede revertir la Epistocracia o ‘gobierno de sabios’ que favorece ineluctablemente a la casta de funcionarios docentes universitarios. Así lo siguen manejando todo a su gusto.
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