menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Stabat Mater

5 0
28.03.2026

‘Calvario’ (ca. 1457-64). Óleo sobre tabla. / Rogier van der Weyden

«La Madre piadosa parada / junto a la cruz y lloraba / mientras el Hijo pendía». Así comienza la traducción que realizó Lope de Vega de los primeros versos del Stabat Mater Dolorosa, un poema de origen franciscano de comienzos del siglo XIII escrito en latín que medita sobre el sufrimiento de la Virgen durante la crucifixión de Jesús. Desconocemos su autor, aunque la atribución tradicional al monje Jacopone da Todi parece improbable por las evidencias documentales. Fue propagado por flagelantes que se azotaban en busca de salvación mientras recorrían el continente cuando surgían catástrofes o epidemias.

La popularidad que alcanzó este texto provocó su utilización en otras artes. Su iconografía más habitual, tanto en pintura como en escultura, nos muestra a Jesús en la cruz, acompañado por la Virgen y Juan Evangelista. Por supuesto, la música también ha representado el llanto de María desde el gusto estético y la sensibilidad de cada momento histórico. Ha utilizado el canto llano, la polifonía, siguiendo con interpretaciones cada vez más complejas y grupos instrumentales cada vez más numerosos, hasta abandonar incluso el marco religioso para entrar en las salas de conciertos. En larga lista de más de 400 versiones encontramos a algunos de los mejores compositores de cada época, hasta llegar hasta nuestros días. De todas ellas la más popular es, sin duda, la de Pergolesi.

El apodo de Giovanni Battista Draghi, nacido en Jesi en 1710, procedía de un antepasado originario de Pergola. La posición de su padre le permitió tener una juventud relativamente acomodada y una buena formación musical, a pesar de los graves problemas de salud que tuvo desde su niñez. Tenía la pierna izquierda más corta y delgada que la derecha, por lo que se piensa que padeció poliomielitis.

‘Calvario’ (ca. 1457-64). Óleo sobre tabla. Museo de Pinturas de San Lorenzo de El Escorial. / Rogier van der Weyden

Nápoles era un foco musical importantísimo en la primera mitad del siglo XVIII, con músicos como Alessandro Scarlatti o Nicola Porpora que habían impuesto el estilo napolitano en las cortes europeas. Pergolesi fue admitido con quince años en el famoso Conservatorio dei Poveri di Gesù Cristo, donde se graduó en 1731. En los cinco años que le quedaban de vida se dedicó con gran fortuna a los oratorios y a la ópera. Escribió obras serias, aunque triunfó sobre todo en la comedia. El drama Il prigionier superbo tuvo una enorme importancia histórica, no tanto por la obra principal como por un breve intermedio buffo, La serva padrona, que se interpretaba en los dos descansos. Esta composición, alegre, fresca y desenfadada, presentaba situaciones y personajes que reflejaban la sociedad napolitana, con escenas que alternaban lo cómico, lo sentimental y lo heroico.

Se cree que Pergolesi recibió en 1734 el encargo de la Cofradía de Caballeros de la Virgen de los Dolores de San Luigi al Palazzo de escribir un Stabat Mater para sustituir al de Alessandro Scarlatti, sólo diez años anterior pero que ya se consideraba pasado de moda, encargo que cobró pero que no llevó a cabo de inmediato. Estuvo un tiempo en Roma, donde profesionalmente no le fue demasiado bien. Por este motivo y por el empeoramiento de la tuberculosis que padecía regresó a Nápoles. Poco después se retiró a Pozzuoli, una localidad cercana donde se respiraba aire sulfuroso que se pensaba que podría mejorar su estado. En sus últimos meses de vida compuso sus dos obras religiosas más importantes: Salve Regina y el Stabat Mater. En esta última siguió el modelo de Scarlatti utilizando dos violines, bajo continuo, soprano y contralto, que en la época interpretarían dos castrati. Pergolesi dividió el himno en 12 movimientos, entre dúos y arias, a los que añadió el Amén como final. Cuenta la leyenda que lo concluyó el mismo día de su muerte, porque se observan errores y partes incompletas en la partitura, así como un agradecimiento a Dios en su última página, Finis Laus Deo, por haberle dado tiempo para terminarla. Pergolesi falleció el 16 de marzo de 1736 en el monasterio franciscano de Pozzuoli y fue enterrado en una fosa común de la catedral de esa ciudad.

El Stabat Mater de Pergolesi alcanzó una popularidad inmediata que se prolonga hasta nuestros días. Compositores como Johann Sebastian Bach utilizaron algunos de sus temas y otros como Paisiello Eybler o Salieri, hicieron adaptaciones al gusto de su época, añadiendo vientos y percusión o utilizando el coro para reemplazar algunos duetos.

La vida de Pergolesi fue efímera, solo 26 años, pero tras su muerte su influencia se agrandó. El triunfo sin precedentes de La serva padrona en París entre 1752 y 1754 dividió a la sociedad francesa entre los partidarios conservadores de la tradición de Lully y los que defendían la renovación que traían las nuevas obras italianas. En la llamada «Querella de los bufones», la cuestión musical fue una excusa para que los partidarios de la razón cuestionaran la falta de libertad de la sociedad estamental dominada por la aristocracia. Pocas décadas después cerrarían heridas con el uso indiscriminado de la guillotina.

El éxito de La serva padrona, en todo caso, nunca ha superado el del Stabat Mater, posiblemente porque el sentimiento que emana del poema franciscano y que Giovanni Battista Pergolesi interpretó magistralmente, el sufrimiento de madres, y padres, ante la pérdida de un hijo, ajusticiado, por enfermedad, por accidente o por una guerra que siempre es evitable, es absolutamente atemporal y universal.

Suscríbete para seguir leyendo


© La Opinión de Murcia