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Váyase, señor Trump

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29.03.2026

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. / EFE/Graeme Sloan

Irán no es Venezuela, ni los ayatolas tienen nada en común con Maduro, salvada la condición de infames tiranos para sus pueblos. No previó esta circunstancia el actual presidente de USA cuando ideó y materializó una fulminante campaña militar para descabezar el régimen iraní, como piensa y plantea hacerlo con otros de América Latina, empezando por Cuba.

Ante el interés de otro sátrapa, que manda en Israel, se ha visto arrastrado, como históricamente ha sucedido varias veces a los EE UU, a una guerra absurda sin duda motivada por ambiciones petrolíferas, esto es, puramente económicas. La meta de todo empresario es aumentar sus ganancias, finalidad de la que no se apea Trump ni dirigiendo su país. Las pocas muertes que produjo la operación en Venezuela van ya por miles en el Medio Oriente, estando incendiada, hasta literalmente, la zona entera a estas alturas. Puede decirse que el magnate americano ha entrado al trapo, al que le tendió su amigo judío, quien sí que ha de conseguir que se le tenga por el líder de la totalidad de aquellos territorios, de las naciones que allí se asientan. Y mientras el israelí confirma por las armas esa hegemonía, el otro atacante pierde hombres, armamento, y dinero, mucho dinero. Y puede que pronto haya de abandonar la contienda, dejando en ridículo una vez más a su gran país, USA.

Trump sabe que ha fracasado, pero nunca lo reconocerá. Si fuese una persona normal daría por terminada ya su presencia en una guerra que ni le va ni le viene, a excepción de lograr grandes ganancias por el control del petróleo y el gas. Pero Trump no es normal, sino que tiene una mente enfermiza y un narcisismo atroz que le llevan a creerse que sus decisiones son siempre acertadas e inalterables, aunque cambien, incluso radicalmente, en pocas horas. Se ha dicho con razón que actúa como un niño, pero lo malo es que ese niño manda hoy en el mundo, viéndonos todos afectados por sus caprichosas decisiones, aun contradictorias las unas con las otras.

Difícilmente vulnerables

Y mientras que él no retrocede, el judío se ve protegido ante una guerra extendida a los países del Golfo, a los que quiere usurpar por la fuerza parte de sus territorios y de sus fuentes energéticas.

Y al otro lado, Irán, que ni se ha planteado modernizar su religioso, islámico y medieval régimen, caiga quien caiga. Al parecer, los persas cuentan con una estructura de poder absoluto difícilmente vulnerable, pues hasta treinta y tantos líderes están preparados para acceder al mando si la cadena de muertes de la cúspide así lo requiere. Tal circunstancia, unida a la total ausencia de influencia de los súbditos en ese poder, conforman una realidad que se percibe como duradera, muy duradera. Esto ya lo han asegurado las autoridades que han sucedido al poder omnímodo y despiadado de Jamenei, quienes han verbalizado que aguantarán hasta la muerte, que no contemplan en modo alguno la rendición ante Israel, su gran e histórico enemigo.

Y en este escenario, pronto los soldados suplirán a drones, aviones, bombas y misiles, convirtiendo aquello en un infiero, precisamente lo que Trum ha amenazado hacer con quienes en nada le han ofendido ni en nada le pueden inquietar, salvo que su hoy admitida carencia de armas nucleares fuese falsa, algo verdaderamente descartable.

Y en medio de esa guerra, los países de la zona se están viendo criminalmente afectados por los deseos imperialistas de Israel, quien quiere anexionarse, de momento, la parte del Líbano con la que es fronterizo, lo que evidencia que ésta es su guerra, no la de sus amigos de América. Y la UE, observando.

El mundo entero se está perjudicando por la presencia allí del estrecho de Ormuz, imprescindible en la actualidad para el tránsito del petróleo y el gas. La llave de ese trozo de mar la tiene el país islámico, que lógicamente presiona con ella. Así, como acertadamente sostiene Jorge Dezcallar, se pone al americano ante la disyuntiva entre seguir apoyando a Netanyau o retirarse de la zona para salvar la economía, concretamente, la suya. Pero Trump no puede soportar que USA deba plegarse y volver a su casa, convirtiendo así la posible solución en casi inalcanzable.

La mejor salida sería, de otro lado, que él mismo se apartase del poder y fuese nombrado otro presidente, pero esto es impensable dada la soberbia que le caracteriza y dada igualmente la anormal cabeza que dirige sus actos y sus medidas.

No es deseable la muerte de nadie, pero qué bien nos vendría a todos que alguna enfermedad o impedimento físico le viniese a apear temporalmente del cargo, pues esto propiciaría que una persona normal asumiera la presidencia desde la que él juega con su país y con el mundo. Daría algo de tranquilidad al orbe.

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