Torrente en acción
Sánchez ensaya los efectos del ‘no a la guerra’ en las elecciones de hoy en Castilla y León. / Leonard Beard
A la misma hora del pasado viernes en que la última de Torrente repletaba los cines de España, sus personajes de carne y hueso intervenían en el cierre de las elecciones autonómicas de Castilla y León. Toda la plana. Y ofrecieron una réplica que no decepcionó de sus caricaturas. No es que todos los políticos sean iguales, pero la política en general ha quedado igualada por el populismo que cada político ejerce a su manera.
Las elecciones autonómicas, que antaño se celebraban todas en una misma fecha, con excepción de las "comunidades históricas", han sufrido una desescalada que siembra este 2026 de hitos electorales en que cada uno es un ensayo sobre el siguiente y todos sobre el gran choque de las generales.
De momento, todo resulta previsible: la derecha se impone, aunque dividida en dos bloques, uno de los cuales, Vox, utiliza tácticas que favorecen sus expectativas de crecimiento a costa de minar la identidad de la otra parte, el PP, llevando al extremo maniobras que tienen como resultado la ingobernabilidad. En cuanto a la izquierda, el PSOE se ve abocado a una huida hacia adelante con desprecio de que los malos resultados periféricos contengan señales sobre previsiones similares en la convocatoria central. Y respecto a sus apéndices, la persistencia en la desunión de las siglas, y más en regiones en que todas parten de la irrelevancia, no constituye lección alguna para superar los personalismos y la exhibición de sus banales rencillas.
Núñez Feijóo está pidiendo a gritos un cameo, como Rajoy, en la próxima de Torrente, en que podría hacer el papel de quien acude presto a las trampas que le colocan sus adversarios. De un lado, su descoloque ante el "no a la guerra" que le lanza Sánchez lo sitúa en el lugar esperado por este, a sabiendas de que el líder popular carece de registros para oponer una respuesta que exige una complejidad dialéctica fuera de su alcance, y de otro, no puede esconder su estupor ante las "provocaciones" de Abascal, quien lo exaspera con su estudiada estrategia de dilatar los acuerdos electorales sin los cuales sus triunfos en Extremadura y Aragón o el previsible en Castilla y León se convierten en papel mojado y le hacen exhibir una sensación de........
