El Gobierno de La Yenka
Malabarismo de Sánchez para hacer pasar por políticas progresistas aquellas que le votará la derecha. / Leonard Beard
«Izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, atrás, y un, dos, tres». Así se bailaba La Yenka, el ritmo que hizo furor a mediados de los prodigiosos 60, tiempos en los que me tocaba hacer de comisionado de mi madre para vigilar la correcta conducta de mi hermana mayor en los bailes del teleclub parroquial, labor de la que me desentendía en favor de mis propias distracciones. El peligro, en realidad, no estaba en La Yenka, un baile suelto y coreografiado, sino en Adamo, cuya Mis manos en tu cintura sonaba entre luces mitigadas y en cadencia lenta, lentísima, y con las parejas entrelazadas, unas más apretaditas que otras según el éxito de los avances, al dictado del título de la canción.
Todo vuelve. La cantera de lo vintage es el nutriente de las novedades de la civilización. Contra la fantasía del progreso está la realidad del círculo incesante. Y así, el pasado viernes, como un hallazgo inconsciente, resonó en mi cabeza el sonido de La Yenka cuando el Gobierno central anunció dos decretos para paliar los desastres de la guerra, uno de derechas y otro de izquierdas. «Izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, atrás...».
Pedro Sánchez admitió tras el plante de Sumar a las puertas del Consejo de Ministros que es necesario negociar con socios incompatibles, pero de este arte se sabe de antemano lo que resulta. Las medidas de derechas serán convalidadas por la mayoría de ese signo mientras las de izquierdas no pasarán el filtro parlamentario. Lo curioso es que Sumar, a cambio de una concesión virtual sobre vivienda, impracticable, acabe apoyando el decreto de derechas sobre bajada de impuestos. Yolanda Díaz es la pareja perfecta de Pedro Sánchez para bailar La Yenka. Aunque se representara un insólito teatrillo previo a la reunión del Consejo, la consecuencia final, una vez maquillada la influencia de Sumar, es que de los dos decretos solo será aprobado el de derechas, probablemente con la aquiescencia del PP, pues el diseño inicial es suyo y al que hasta ahora Yolanda no se opone. Así, Sánchez y Díaz bailan La Yenka, y después, con las lentas, Sánchez, Junts y Feijóo se entrelazan con Adamo. A la vista está que el Gobierno progresista es una entelequia, porque la mayoría del Congreso es de derechas.
La izquierda-izquierda, a su vez, no se percibe compacta, lo que no decepciona. El decreto sobre vivienda con el que Yolanda intenta salvar la cara es insuficiente para Podemos, que en consecuencia tampoco lo votará, se supone. Y en el acto para la unidad de la izquierda que la semana entrante protagonizarán Irene Montero y Gabriel Rufián podrían quedar a la vista las diferencias sustantivas entre ambos: mientras la primera exige medidas más radicales de intervención en el mercado de la vivienda, el segundo se conforma con la propuesta de Sumar, pues «es mejor que nada». En este encuentro seguirá sonando La Yenka: «Adelante, atrás...» contra el intento de que se imponga Adamo con su bailar pegados.
Letra autorreferencial
La canción de La Yenka tiene una característica singular: es autorreferencial, es decir, no contiene más tema que el propio baile, del que la letra va indicando sus pasos. Así es la política del Gobierno, pues antes que sobre los asuntos que le competen se enreda en su propia capacidad para abordarlos. Es un Gobierno autorreferencial, que sobre el telón de fondo de las cuestiones que van surgiendo solo habla de sí mismo, de sus posibilidades de sobrevivir, a las que limita su actuación. Sobre ese manual establece un tejido repleto de trampas, apenas disimuladas. Veamos algunas.
1. Aplaza la aprobación de los Presupuestos con el pretexto de la guerra, que Sánchez califica de la mayor crisis de su mandato, obviando la pandemia, después de haber avisado de que no había prisa para tomar medidas. La guerra empezó a finales de febrero, cuando los Presupuestos que corresponden debieran haber sido presentados en octubre del pasado año, y sobre los dos anteriores, en tiempos de paz, no hubo noticias.
2. La tardanza en presentar medidas de rebaja de impuestos hace sospechar que en el entreacto el Gobierno se ha beneficiado de la subida de los precios a fin de recaudar más para financiar en parte los beneficios que a los ciudadaos les suponga después la reducción.
3. El Gobierno insiste en que la prórroga presupuestaria es constitucional, solapando que solo es así tras presentar los Presupuestos sin recibir aprobación. Y que la teoría expresada por el propio Sánchez (maldita hemeroteca) cuando Rajoy se vio en el mismo brete es que un Gobierno sin Presupuestos ha de convocar elecciones.
4. El aplazamiento, consensuado con ERC, de los Presupuestos de Cataluña obedece, por encima de los pretextos oficiales, a que el impacto de la ‘financiación singular’ de esta Comunidad no interfiera en las elecciones andaluzas, a las que se presenta la ministra de Hacienda que valida una discriminación territorial a la que Andalucía es especialmente sensible.
5. El obvio ‘no a la guerra’ que Sánchez ha tomado por bandera particular no admite el plural, pues sigue financiando a Ucrania y aumentando los fondos para el rearme. Aunque esto puede justificarse en conceptos como el de solidaridad con un país agredido y con la necesidad de aumentar los efectivos para la propia defensa, estos aspectos requieren una complejidad argumental que desaparece cuando surgen otros conflictos que le permiten presentar una actitud pacifista no compatible con otras implicaciones.
Bajar impuestos es de izquierdas
6. La bajada de impuestos propuesta por el PP fue calificada de regresiva por los portavoces del Gobierno días antes de presentarla como propia de un Gobierno progresista, en un proceso de alquimia que exhibe una extraordinaria magia malabar.
7. El Gobierno debe haber constatado la confortabilidad que obtiene cuando dicta políticas bien vistas por la derecha, como la bajada de impuestos (aunque provisional, por otra parte), pues los sectores de producción beneficiados las han celebrado aun considerándolas insuficientes. Esto debiera informarle sobre la realidad del magma social más allá de elucubraciones teóricas sobre el ‘ser de izquierdas’.
8. Sumar es una cáscara vacía, sin liderazgo ni respaldo, pues los partidos que lo integran están trabajando aparentemente en nuevas alianzas y, sin embargo, su media docena de ministros persisten en ejercer sus cargos como si todavía fueran representativos de una izquierda que han contribuido a desvanecer con sus políticas seguidistas del sanchismo y cuyas carteras, salvo la de Yolanda Díaz, permanecen en la invisibilidad, ya que sus titulares se distinguen en declaraciones políticas generales ajenas a sus respectivas competencias.
9. Las sucesivas derrotas autonómicas, en las que el PSOE ha ensayado distintos tipos de liderazgo, no han advertido a la dirección acerca del malestar que se extiende sobre el Gobierno de Sánchez, y menos han provocado la apertura de un debate imprescindible en la organización, en la esperanza de que las habilidades mágicas del líder trastoquen las tendencias. Mientras tanto, Sánchez, convertido en pararrayos de la derecha, implementa políticas de derechas por él mismo así calificadas, a fin de recibir la aprobación de una mayoría parlamentaria desafecta a su concepto de progresismo.
10. El dinamismo constante de una actualidad acelerada va dejando atrás asuntos cuya explicación se va disolviendo lentamente en el olvido. Seguimos sin saber las causas del apagón ni se confirman oficialmente las del accidente de Adamuz mientras en este caso se observan las maniobras para el encubrimiento de las responsabilidades de Adif con un ministro de Transportes impasible, protegido por su calidad de activista tuitero. Además, los incesantes casos de corrupción estructural (la insertada en la propia relación Gobierno-partido) son calificados de anecdóticos a diferencia de los equivalentes en la etapa de Rajoy, que justificaron la moción de censura que constituyó un Gobierno de izquierdas que ha reproducido similares vicios.
Estigmatizar la crítica
11. Se inventan un medidor de odio para las redes sociales que apenas disimula su vocación censora y de estigmatización de opiniones ajenas a las que confortan al Gobierno, como si el grave problema de la polarización política, a estas alturas extendido a otras áreas aún más sensibles, tuviera un origen ideológico unilateral.
12. Activan la radiotelevisión pública como núcleo estratégico de agitación y propaganda, desviándola de sus funciones de rigor y neutralidad, lo que conllevará la consecuencia de que cuando el actual Gobierno sea sustituido, la derecha se considerá legitimada para desembarcar en estos medios a sus propios activistas, lo que nos proporcionará un infierno desinformativo equivalente.
13. Han hecho compatible el manejo de una teoría y su contraria, a conveniencia. Así, el candidato socialista a la presidencia de Castilla y León, Carlos Martínez, avalado por Pedro Sánchez en su campaña, pedía que gobernara el partido más votado en colaboración con el segundo, en previsión de que el PSOE alcanzara aquella posibilidad. Una fórmula que habría deslegitimado, como regla común no escrita, al Gobierno de Sánchez, pues en su caso el partido más votado fue el PP.
A lo mejor el baile de La Yenka no es políticamente reprochable, y consiste en moverse en varias direcciones («izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, atrás...), si bien requiere danzar con armonía y que el conjunto no pierda pie, pero en puridad exigiría que retituláramos la condición del actual Gobierno: «De coalición progresista, según...», pues a la hora de la verdad el progresismo institucional no basta, y hay que bailar con la derecha al son de Adamo, dándose el lote, aunque los susurros en las orejillas no sean suaves incitaciones sino excitantes insultos. Y los ciudadanos, de involuntarias carabinas.
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