Ohayo
Confieso que me toca la moral, por no decir las narices, por no mencionar lo que empieza a dibujarse por debajo del pubis, cuando recibo una llamada, un correo o un mensaje de WhatsApp, curiosamente casi siempre en el ámbito laboral y procedente de un superior, en el que la conversación suele comenzar en tono imperativo y sin saludar.
Ohayo (Buenos días), además de ser una obra maestra de Yasujiro Ozu, es el verdadero comienzo de todo. Un gesto esencial con el que reconocemos a nuestro interlocutor y el respeto que merece.
Y es que no saludar, omitir un simple buenos días, tardes o noches, es uno de los signos más elocuentes de mala educación; por cierto, otra obra maestra de Almodóvar que, junto a la mediocridad y el........
