Carmen y la profundidad de los mitos
'Carmen', en la versión de Salvador Távora. / L.O.
En la primavera de 2015 tuve la ocasión de aprovechar una investigación docente colectiva sobre los mitos y su fecundo uso pedagógico para que vieran la luz algunos de sus resultados en el periódico El Mirador de Churriana. Me atreví a inocular en algunos colegas de centros de la provincia este virus intelectual guiado por la curiosidad y el entusiasmo. Se referían, en parte, al mito de Carmen. Resucito aquí parte de esta magnífica experiencia de trabajo colaborativo, en convivencia forzada con los fastos de la Virgen del Carmen. También me permito rendir homenaje a mi amiga Carmen, a su cultura gitana y a la metodología que el escritor y profesor de Cultura Clásica Antonio Báez Rodríguez ha brindado a la muchachada. Antonio ha propuesto a su alumnado de tantos años desplegar un esquema muy sencillo de trabajo, pero cargado de complejidad de la buena. Se trata de diseccionar los mitos teniendo en cuenta tres aspectos: la riqueza del relato, la iconografía desplegada históricamente y la intención de ambos que se proyectaba sobre el receptor. Algo parecido me propongo ofrecerles en el breve marco que me proporciona este escrito. Con ello, pienso que no voy demasiado desencaminado en mis asociaciones, haciendo abstracción de los usos de su proyección religiosa.
Para el enciclopédico pensador y erudito británico G. S. Kirk, los mitos son relatos con una estructura formal dramática bien perfilada (presentación y desarrollo) y un desenlace (en muchas ocasiones nos llena de asombro). Habitualmente, dichos relatos se sitúan en un tiempo originario, hacen referencia a acciones fundacionales que configuran la situación actual del ser humano, tienen protagonistas reconocibles y provocan determinados resultados. Asimismo, el lector sabe que no se encuentra cara a cara con la historia, puesto que estos relatos nacen de la tradición (en muchas culturas arcaicas ni siquiera reciben una forma literaria), pero su poder narrativo es excepcional y son transmitidos de generación en generación por la importancia de sus mensajes y tener la capacidad de influir de manera funcional (como dicen sociólogos y antropólogos de pro), más allá del mero entretenimiento, haciendo énfasis en algún aspecto importante de la vida individual o social («la aceptación del destino» o «la prohibición del incesto»,........
