Los monstruos que se comieron al Sol
Disfrutando de un eclipse. / L.O
Mis amigas están en esa etapa en la que ya no quieren perderse ninguna. Lo de que ‘a partir de tal edad vas cuesta abajo’ quiere decir, en realidad, que te lanzas por todos los toboganes. Y no veas qué risas.
Sin embargo, sin entradas para los conciertos de Rosalía y Fito Páez, ya buscaban planes B nombrando músicos que ni conozco. Las interrumpí con un «¡Lo importante es estar juntas!». ¿Y si nos vamos a alguno de esos lugares donde se vea estupendamente el eclipse?
Y, lo mismito que en ‘El Alquimista’, de Paulo Coelho —¡alerta espóiler!—, donde un joven pastor viaja desde España hasta Egipto en busca de un tesoro oculto para descubrir que siempre estuvo en el punto de partida, va y resulta que Ibiza, nuestra Ibiza, estaba en esa «franja de la totalidad» —que anda que no suena estupendo eso—.
Es más, iremos juntas a verlo exactamente a mi pueblo: Sant Antoni. Porque, aunque amanece que no es poco, pocos lugares tan privilegiados para despedir al Sol sobre el Mediterráneo.
Dicho y hecho. Compré los billetes y hasta puede que fuera de los primeros seres humanos en hacer acopio de gafas homologadas.
Otra instantánea para el álbum de la memoria. La superluna azul de sangre —se denominó........
