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Sin AVE, amuermaos e indignados

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17.03.2026

Directivos de Adif en Álora / Álex Zea

No habrá AVE directo con Madrid hasta después de Semana Santa. Y vaya usted a saber qué quiere decir «después». Vaya plan. No es solo una desconexión ferroviaria. Es emocional. Una desconexión sentimental con la capital de España, con el progreso, con la llegada de turistas, de expectativas. Es la ausencia de una cierta posibilidad de huida rápida. También. Un fracaso.

La interrupción de la alta velocidad ha traído una gran crisis política. Que ayer se recrudeció. Y una enorme exageración. Es verdad que los perjuicios son más que notables, pero palabras como «ruina» parecen sobresalientemente exageradas. No es probable que veamos los tronos en soledad ni que las playas estén desiertas o los chiringuitos vacíos. Que no se crea nadie que nos vamos a librar de los atascos o de la imposibilidad de reservar en un restaurante.

Que no haya AVE es un dislate y hay que culpar a Adif, al Gobierno, al Ministerio, a la inoperancia y a la lentitud. Y también al temporal de agua, lluvia e inclemencia que nos azotó. Habrá que averiguar por qué a otras zonas se le ha dado prioridad a la hora de acelerar líneas férreas y reparaciones. Si es que ha sido así.

Los hosteleros y hoteleros, gremios llorones por excelencia, dicen que las pérdidas van a ser incalculables pero tienen ya a buen seguro calculada la cifra para la correspondiente nota de prensa. La Consejería clama contra la inacción del Gobierno pero no ejerce acción, por ejemplo promocional, alguna. El Gobierno da largas y el de Adif coge y viene no se sabe para qué. Para visitar las obras y dar malas noticias podría haber venido sin avisar a los fotógrafos o haberse quedado en su casa. ¿Habrá venido en AVE o en burra, en BlaBlaCar o en coche oficial?

Seamos algo optimistas. Nos van a venir turistas por tierra, mar y aire incluso por tren aunque éste sea tercermundista, incómodo y a ratos el trayecto discurra por autobús. La hora estelar de los rentacares.

Es todo como de posguerra, de posguerra de Uganda, incluso. Sin AVE directo. Un agravio, un monumento a la incompetencia, una evidencia de la falta de mantenimiento. Mucho gritón también.


© La Opinión de Málaga