Quita los calzoncillos del balcón
Ejemplo de impoluta fachada en un municipio español. / e.p.
Torremolinos prohíbe la ropa tendida en la fachada si existen opciones para que no se vea. Al fin algo de sensatez. Empezaba a resultar molesto saber qué calzoncillos no lleva puesto el vecino con el que coincido por la mañana en el parking. No los lleva puesto porque los he visto en su balcón tendidos a secar.
La ordenanza en cuestión no establece la prohibición general de colgar la ropa ni multas, pero dispone que no sea visible desde la calle cuando existan soluciones alternativas como patios interiores, azoteas, lavaderos o zonas comunes de tendido. Se trata de proteger la estética del municipio, que tantas veces afean, por ejemplo, las toallas de playa.
Como la ordenanza se aprobó con los votos de PP y Vox (el PSOE se abstuvo, tiene en el municipio la paz orgánica interna con balcones a la calle), inciden en que «no se trata de regular la vida de los ciudadanos y sí de armonizar la estética». Ah, vale. Traducido quieren decir, oiga, que esto no es una norma woke izquierdosa para regular la vida del individuo, que somos liberalotes. Acabáramos.
A ver, en una plaza cementosa, dura, desapacible, con un urbanismo agresivo, tal vez una toalla de Mickey Mouse -o un tanga de leopardo- en un balcón alegre la vista y el paseo, pero claro, en una zona monumental queda un poco raro ver siete u ocho toallas colgadas con la inscripción «Pensión la pulga, recepción 24 horas, menú casero del día» .
La ropa tendida, y a la vista, en los altos bloques ya algo viejunos de los barrios proletas da un sabor a precariado, dureza urbana y autenticidad, a jornal sudado y a hombre en el sofá mientras su mono de trabajo, doce horas en el taller, se seca para que esté presto mañana para una nueva jornada. En los adosados no hay nada que ver en la fachada, salvo comprobar que es idéntica a la de al lado. Es más difícil imaginar qué sucede dentro. Si vive un normativista, un ácrata, un concejal, alguien que no usa toallas ni va a la playa. O el dueño de la Pensión la pulga.
