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Lluvia en Málaga

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09.04.2026

Una persona se protege de la lluvia con un paraguas este miércoles en Málaga. / Jorge Zapata (EFE)

En Málaga, la lluvia no era un fenómeno meteorológico; era un evento sociológico de primer orden que nos pillaba siempre con el paso cambiado y el paraguas de publicidad de una caja de ahorros que ya no existe. Ahora llueve siempre, o eso oye uno decir en el autobús, que si pasa a su hora también es un evento sociológico.

Antes mirábamos al cielo con esa mezcla de misticismo y desesperación de quien espera que le toque el Euromillón sin haber echado el boleto, pero ahora parece que llueve como nunca, como en una novela de Cela, como en un cuento persa, como un desesperado poema estonio. Con insistencia no propia de malagueño. Espantamos la sequía aunque resucitamos las alertas. Con las nubes evacuando a placer, la Aemet nos dice que será una primavera seca. Tal vez la primavera este año caiga en jueves. Ahora que el verano dura cinco meses y el invierno en ocasiones es cosa de una semana.

Le he preguntado a la IA que cómo es la lluvia en Málaga advirtiéndole de que no se admiten cursilerías ni un choteo excesivo: «En Málaga cae una especie de gazpacho de arena que nos deja los coches con un camuflaje de desierto del Sáhara que ya quisiera para sí el mariscal Rommel», me ha respondido. No sé para qué pregunto nada.

Varias personas se protegen de la lluvia con un paraguas este miércoles sobre el cauce del Guadalmedina de Málaga. / Jorge Zapata (EFE)

Los psicólogos dicen que el mal tiempo nos altera las hormonas, pero yo creo que lo que nos altera es el tráfico en la Avenida de Andalucía, donde tres gotas de agua bastan para que el personal olvide avanzar y decida que lo mejor es quedarse parado mirando el limpiaparabrisas como si fuera un péndulo de hipnosis. Eso si no se le ha ocurrido a nuestro nunca bien ponderado Consistorio, como suele, repasar los jardines de la mediana a hora punta inutilizando un carril.

Aquí pasamos del secarral a la canoa en lo que tardas en decir «boquerón». Hay lluvias que valen de coartada para quedarse en casa, las hay que se pueden meter en una columna de periódico, hay lluvias mortecinas y otras que parecen un maná. Lo comentaremos en el ascensor.


© La Opinión de Málaga