Los hutíes del Yemen se suman al combate
Milicianos hutíes en una concentración en la capital de Yemen / EUROPA PRESS
Como muchos llevaban sin duda tiempo esperando, los hutíes se han sumado finalmente a la defensa de Irán frente a sus dos agresores y a los regímenes árabes que prestan a EEUU sus bases para esa guerra tan injustificada como ilegal.
El Estado sionista tiene ya tres frentes, el del norte, con las milicias de Hezbolá, a las que algunos creían muy debilitadas, pero que le están infligiendo un duro castigo al ejército israelí desde el sur del Líbano, el del Yemen, desde el sur, y el principal, el del propio Irán, por el este.
El mando militar israelí nunca pudo imaginarse que Hezbolá destruyera como ha hecho en un solo combate, el pasado 25 de marzo, hasta veintiún carros de combate Merkava, además de varios bulldozers y vehículos militarizados.
Ya en la anterior guerra israelo-libanesa de 2024, Hezbolá anunció haber destruido un total de 59 tanques israelíes, pero fue en un período mucho más largo: entre finales de septiembre y el 27 de noviembre.
En esta ocasión, las milicias chiíes dicen haber destruido o inutilizado ya cerca de setenta carros de combate, lo que representa todo un récord.
Por su parte, los hutíes pueden no sólo atacar desde sus bases en Yemen no sólo a Israel sino a los países árabes cuyos regímenes despóticos consideran traidores sino también cerrar al tráfico marítimo el estrecho de Bab el-Mandeb, imitando lo que han hecho los iraníes con el de Ormuz.
Los hutíes afirman que no permitirán que los agresores de Irán utilicen el Mar Rojo para agredir a Irán, y su amenaza de hundir a los cargueros de los países enemigos si entran en esas aguas, que estaba utilizando Arabia Saudí para seguir exportando su petróleo, hará subir aún más el precio del crudo y sus derivados en todo el mundo.
El petróleo saudí llega al mar Rojo a través de un oleoducto de 1.200 kilómetros que opera la empresa Aramco, sigue la dirección este oeste y va desde el centro de procesado de Abqaiq, cerca del golfo Pérsico, hasta el puerto de Yanbu, en el otro extremo del país.
Sin embargo, los hutíes, que provocaron ya un auténtico caos en la región al atacar a los buques de los países aliados de Israel en la fase más sangrienta del genocidio de Gaza, pueden hacer ahora lo mismo en solidaridad con Teherán.
El estrecho de Bab al-Mandeb, situado en la salida meridional del mar Rojo, entre el Yemen, en la península arábiga, y Yibuti y Eritrea, en la costa africana, es una de las rutas más importantes para el transporte marítimo no sólo de petróleo sino de todo tipo de mercancías a través del canal de Suez, en el norte de esas aguas.
Y no sólo los hutíes, sino también la Guardia Revolucionaria Iraní podrían abrir allí un nuevo frente si Estados Unidos intenta el asalto por tierra de Irán o alguna de sus islas en el golfo Pérsico o el estrecho de Ormuz.
Mientras tanto, el presidente de Estados Unidos sigue amenazando a Irán con un auténtico «infierno» si no abre totalmente al tráfico el estrecho de Ormuz y no acepta su «plan de paz» de quince puntos.
Supuesto plan de paz que significaría la total capitulación de Irán ya que, a cambio de suspender sus sanciones comerciales a ese país, Washington le exige que renuncie totalmente al enriquecimiento de su uranio, limite su producción de misiles y cese su apoyo a sus aliados chiíes como Hezbolá.
Con todo lo cual, el Estado sionista podría continuar impunemente su plan expansionista, anexionándose territorios en el sur del Líbano y atacando a Siria cada vez que le conviniese para la consecución de su objetivo del Gran Israel.
Algo que esta nueva guerra ha puesto una vez más de relieve es la total inoperancia de la ONU, incapaz de poner límite alguno a unos gobiernos criminales liderados por sendos psicópatas que han decidido ponerse el mundo por montera e ignorar las reglas más elementales del derecho internacional.
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