Qué pereza cultural
Qué pereza cultural | LA VIDA MODERNA MERMA
Hay días en los que uno tiene la ingenua intención de descansar un poco de la política. No hablo siquiera de grandes debates ideológicos ni de sesudas reflexiones parlamentarias -que cada vez hay menos-. Hablo simplemente de intentar sobrevivir unas horas sin que aparezca. Sentarse tranquilamente a escuchar los pajarillos, ver una exposición o comentar una película sin que, antes de que le eches la sacarina al café, alguien termine pronunciando palabras como polarización, relato o facha.
Pero no. Resulta imposible. La política lo ocupa todo. Se ha convertido en una especie de humedad ambiental que termina impregnando las conversaciones, las sobremesas y hasta los ratos que uno reserva para escapar precisamente de ella. Entras en una librería y ya no sabe uno si está escogiendo un cuento o posicionándose ideológicamente. Va a un concierto y parece que, además de la entrada, tuviera que enseñar también una declaración de principios.
Y quizá donde más se nota esta invasión permanente es en la cultura. Porque la que debería servir precisamente para ensanchar la mirada y alejarnos un poco del ruido cotidiano, ha terminado muchas veces convertida en una prolongación de él. Todo necesita una etiqueta. Todo debe clasificarse. Todo tiene que pertenecer a un bando.
Ya no basta con que una película sea buena o mala. Antes hay que decidir si es de los nuestros o de los otros. Ya no basta con disfrutar de un escritor. Conviene saber qué vota. Hay actores considerados........
