Carlos Telmo: yo estoy pasando mucho
Hay personas cuyo oficio no cabe en una tarjeta de visita. Pueden ser periodistas, relaciones públicas, empresarios, comunicadores, responsables de protocolo, decoradores, tenderos o colaboradores de radio, pero ninguna de esas ocupaciones explica del todo a qué se dedican. Su verdadero trabajo consiste en conocer a la gente, relacionarla, abrir puertas, evitar desencuentros, crear ambientes y conseguir que una sociedad no sea únicamente un conjunto de habitantes pagando impuestos y esperando en los semáforos.
Carlos Telmo pertenecía a esa estirpe.
Murió hace unos días, a los 75 años, después de una larga enfermedad que contó en sus redes con una franqueza poco habitual. No disimuló los tratamientos, los sustos, los ingresos ni los días malos. Tampoco hizo de ellos una tragedia permanente. Los mostró como enseñaba todo cuanto le ocurría. Con humor, naturalidad y esa particular manera de convertir su propia vida en una conversación pública. Incluso cuando las cosas se pusieron feas, Telmo siguió siendo Telmo. Eso tiene más mérito que mantener la compostura en una boda ducal, donde al menos hay fotógrafos delante.
En lo personal fue un hombre afable, divertido y estupendo. Buen compañero radiofónico en Canal Sur, de trato agradable y con esa voz que parecía haber conocido muchos más secretos de los que estaba dispuesta a revelar. Los conocía, por supuesto. Su agenda valía oro, aunque probablemente valiera más su discreción. Trató a Lola Flores, Sara Montiel, María........
