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7 años

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14.08.2026

El embarazo es una experiencia radicalmente femenina. / JORDI OTIX

Agarrarme a la barandilla. No es una barandilla, es un trozo plano de madera atornillado a la pared, de los que están en los pasillos de los hospitales. Un paso, otro paso, una contracción. Pararme en el medio, asirme del brazo de mi madre. Apretar los dientes, cerrar los ojos. Casi perder la conciencia, pero no tanto. Una contracción, contar el tiempo entre ellas. Una barriga grande, el cuerpo henchido. Muchas horas con un pie tras otro, muy despacio, ni veinte centímetros de distancia cada vez. Un dolor que nos gusta a las escritoras, el reto de la descripción, y no se puede explicar. No existe el tiempo que conoces, existe el tiempo de parir, que es como el tiempo de morir. Y el otro es lo demás. Un tacto vaginal, algunos más. Una mano desconocida buscando el aro, la puerta de salida. Ahora ya sabemos que no va a coronar, horas eternas de sufrimiento, de humanidad. La brutalidad de la fuerza de mi cuerpo sin sutileza ni castigo, retorciéndome por dentro y empujando a la criatura. Abierta mi carne en dos, nace la madre de mi hija.

Salí del despacho desconcertada. «Una mujer tan inteligente como tú. ¿Cómo es posible que no vayas a abortar?», me dijo mi jefe. Tardé un poco en comprender la profundidad de........

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