Ese repugnante olor (a fascismo)
Fragmento de un misil iraní a las afueras de la ciudad israelí de Elad, en el centro del país, este martes. / ILIA YEFIMOVICH / AFP
El nada simpático filósofo francés J. P. Sartre el año 1964 rechazó recibir el Nobel de literatura (realmente debería escribirse nobel de Literatura), dejémoslo ahí. «El diálogo entre el hombre y la cultura debe desarrollarse fuera de las instituciones». Este tipo siempre me ha caído mal, pero ahí la clavó rotundamente. No aceptó el premio pues para Sartre, en aquel momento, lo más importante era desmilitarizar la cultura del Este y la de Occidente, de moral socialista era su postura. En esos mismos días la China «roja» había hecho su primera prueba nuclear y en la prensa los técnicos occidentales habían calculado 20 kilotones: unas 20.000 toneladas de TNT. En esos días, la prensa europea ya la consideraba, y de mucho antes, un peligro para el mundo capitalista y una «amenaza para la estabilidad internacional». Se suponía que la entente nuclear de la Unión Soviética y Estados Unidos quedaba del todo obsoleta y se anunciaba el inminente descontrol atómico en manos de los descendientes de Confucio. El tiempo lo ha resituado todo bien al revés. El gigante asiático apenas parece reaccionar estos días, o al menos no se adelanta a hacer aspavientos, sigue dejando ir alguna observación más alrededor de las sanciones o tomando medidas económicas que sobre la escalada bélica de los hechos consumados.
En aquellos lustros del desplante sartriano comenzaría la escalada norteamericana en el gran fiasco que sería Vietnam. Charles Bukowski armaba escándalos por donde pasaba acusado de simpatizar con el nazismo. Se limitaba, el viejo Hank, a denunciar la gran farsa de democracia a la que estaban sometidos con el eterno blanqueo. El gregarismo y el patriotismo le causaban nauseas reiteradas que regurgitaba en su fabulosa y brillante narrativa. No son pocos los intelectuales occidentales, y puritanos, que han tachado ese nihilismo cultural de coartada principal para la violencia cuando el nacionalismo, patrioterismo y las religiones mal entendidas siguen siendo los agentes principales que nutren las guerras. Personalmente, estoy convencido de que la extinción del nihilismo occidental nos ha abocado a este presente mediocre, abusivo y aburrido para llegar a ver estos personajes patéticos, y discapacitados, dirigiendo el mundo y los países donde tributan la mayoría de mortales. Ni estéticamente puede funcionar un mundo sin pequeñas dosis de nihilismo.
Niñas de parvulario asesinadas, masacradas en la antigua Persia con el beneplácito de los libertadores de siempre. 60 años después del asesinato del líder «radical» Malcolm X, las fuerzas del desorden (de Copito de Nieve) separan impunemente a las madres de sus hijos o viceversa y causan muertes entre la sociedad civil. Columnas de humo político. Irán es una dictadura, pero de hace mucho tiempo y estos días eclipsa la desastrosa política interna norteamericana.
El año después de rechazar el nobel ese autor francés antipático, el ejército norteamericano inició el uso indiscriminado de napalm. Estos últimos días en la red sigue rodando la noticia de la muerte natural de un actor del montón que en el punto más álgido de su carrera se recrea en un triste fragmento muy motivado y emocionado, casi eufórico, en su pasión por ese olor a destrucción y a vidas impunemente masacradas. Acto seguido, y moviendo el índice, intentan convencernos y hacernos creer que este estado de cosas lo va a empeorar todo mucho más la postura de un aislado político, en su entereza democrática, que parece ser el último líder europeo en conservar dos dedos de frente. Líder al que le queda algo de dignidad democrática. Vaya full.
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