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El gobierno toma Cuerpo

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31.03.2026

Sánchez ha reunido en una misma remodelación de gobierno las dos palabras claves, que seguramente le convienen: Cuerpo y España. Ahí es nada. Sánchez domina el lenguaje, a pesar de que la gente lo ve demacrado y triste, como si la belleza del rostro se evaporara con la falta de consenso en las votaciones. Como si le robaran al tiempo el alma y el colágeno. Sánchez pierde en el Parlamento más de lo deseado, porque el espíritu derechista de Junts siempre brota, y porque es fácil atrapar al presidente en los Dardanelos de las bancadas. Pero no sobrevaloren su rostro demacrado: Sánchez retrata la inanidad de Trump en la esfera global, mientras Feijóo trata de confrontar con él en lo local, lo que de verdad le interesa para lograr, al fin, la presidencia. La guerra es una lata, claro, porque no puedes estar contra ella, y menos viendo lo que opina la sociedad española. Pero el verdadero incordio para la derecha, ahora mismo, es mucho más Abascal que Sánchez.

Sánchez supera en vidas a los gatos, siendo un perro. Tiene su cosa. Ahora, con la marcha de María Jesús (mejor el nombre cercano), ha aupado a Carlos Cuerpo, el ministro especial, que parece siempre envuelto en la pulcritud del anonimato, aunque todos saben su nombre. Cuerpo no está tocado por los males de tiempo y los vaivenes del barco, que muchos desean sumido en la zozobra, aunque Yolanda acostumbre a lanzarle andanadas, porque ve en él un defensor del empresariado, al menos en lo que toca al registro horario.

Cuerpo no es carismático, seguramente, sino un tipo al que este tiempo infame no parece afectarle demasiado. Su lenguaje es muy poco político: Yolanda, en cambio, tiene ese gen de lucha callejera que alcanza los micrófonos a las primeras de cambio. La economía entonces aparece como el gran asunto de lo que resta de legislatura. En la vicepresidencia, más Cuerpo. En Hacienda, más España. Este Sánchez no da puntada sin hilo. La economía ha sido, en efecto, su punto fuerte. Aunque la derecha le ataca por la gran flaqueza de lo cotidiano, la vivienda y el alza de los precios, precipitada por la absurda guerra de Trump, la economía es aún su tesoro.

Pero es cierto que hay gente con problemas para llegar a fin de mes, incluso trabajando. Y eso en un país que ha dado, de largo, los mejores datos económicos de toda Europa. Es una paradoja molesta, pero obligaría a la derecha a reconocer, velis nolis, que este Sánchez no es el taimado traidor que presenta a menudo la ultraderecha en sus mítines de montar calientes.

Felipe González, en su arrebato, se fue a iniciar la Semana Santa, o sea, la campaña electoral andaluza, con Moreno Bonilla. Ese es el González que sonríe por lo bajini enviando zarpazos mediáticos al enemigo Sánchez, rojo de la rojería, pero que tiene que gritar a los cuatro vientos: «¡Soy socialista! ¡Soy socialista!», para así reconocerse a sí mismo, ante la evidencia de tanto abrazo conservador. Para Juanma, un puntazo. Se ha hecho con el nicho del moderantismo, quiere ser el gran moderado, ahora que Feijóo, que reconoció en su día haber votado a Felipe, no puede serlo ya, pues al parecer le han convencido de que sólo así podrá detener el crecimiento de la ultraderecha.

Sánchez se parapeta en su lucha Cuerpo a cuerpo, como han dicho otros. El ministro al que le resbala la agitación y que aparece siempre como si se hubiera tomado un garrafón de tila. Se valora mucho ese temple. Llegarán más encontronazos con Yolanda, a su yolandesca manera, pero Sánchez sólo reconoce como antagonista a Trump, como a un villano de la Marvel. Es visto globalmente como némesis del magnate en los titulares de la prensa sábana de América, y eso da vidilla. Por más que el No a la guerra es lo mínimo que se espera de la gente que quiera gobernarnos. Vamos, digo yo.


© La Opinión A Coruña