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Carta de amor inmortal

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02.05.2026

El texto más difícil que he escrito fue un encargo. Hacía una hora, quizás algo menos, tal vez un poco más, que mi padre había fallecido. Su cuerpo yacía aún en la cama en la que murió, a la espera de que llegaran los empleados de la funeraria y, mecánicamente, cumplieran con su trabajo, lo metieran en una bolsa y lo trasladaran al tanatorio, donde sería velado e incinerado. Estábamos en el salón, todavía consternados, tratando de asimilar, no ya su pérdida, sino lo que acabábamos de vivir, esos minutos irreales, desgarradores, en los que has de comprobar su pulso, certificar que ese aliento en el que, temerosa de presenciar su muerte, no estuviste presente fue el último, no volverá a respirar. Aunque siempre respetó la fe de mi madre, el catolicismo al que se encomendó, infructuosamente, hasta el final de su vida, mi padre........

© La Opinión A Coruña