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La restauración que desvelará el pasado del Faro de Avilés, una 'linterna' cuya luz llega a verse a 20 millas náuticas

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19.08.2026

La restauración que desvelará el pasado del Faro de Avilés, una 'linterna' cuya luz llega a verse a 20 millas náuticas

Una nueva cúpula de color rojo es la única nota innovadora para la recuperación de la torre y la vivienda del farero originales

Adrián Llana y Adrián Teruel, en la cúpula del faro.

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La friolera de 163 años. Esos son los que cumplirá el Faro de Avilés el próximo día 31 de agosto, cuando su linterna iluminó el mar por primera vez desde la punta del Castillo, en la península de Nieva, en el concejo de Gozón. Celebrará su cumpleaños con una nueva cúpula de color rojo y sometido a unas intensas obras de restauración que permitirán recuperar su aspecto original.

El Faro de Avilés, también conocido como Faro de San Juan, se encuentra en la bocana oriental de la ría de Avilés. Su diseño y construcción data de 1861, cuando salió a licitación con un presupuesto de 97.252,60 reales, el equivalente al salario entero de unos 50 años de un trabajador medio de la época.

En sus inicios iluminaba mediante una lámpara alimentada por aceite de oliva. En 1882 se adaptó para funcionar con parafina, y ya en 1926 se instaló el sistema eléctrico. Fue en 1957 cuando se automatizó y su mantenimiento pasó, con el tiempo, a depender directamente del personal de la Autoridad Portuaria de Avilés. Hasta entonces, el farero era el encargado de subir por una estrecha escalerilla de caracol a unos 15 metros de altura para iluminar a unas 10 millas de distancia, unos 18,5 kilómetros. Hoy, su luz llega a verse a una distancia de 20 millas náuticas, unos 37 kilómetros, y además emite la letra "A" en código morse cada 30 segundos con un alcance de 6 millas (unos 11 kilómetros).

El edificio original era casi cuadrado (11,2x10,60 metros), con esquinales, cornisa y frontal rodeando la puerta principal de sillería. Y la torre está compuesta por un primer cuerpo prismático recto de sección octogonal irregular que llega hasta la altura de la cornisa del edificio con una abertura rectangular para iluminarlo. Desde allí parte un fuste tronco piramidal con dos ventanas por la cara del mar y una que da a la fachada principal, rematado por una cornisa formada por pequeñas ménsulas y un balconcillo. En 1917 se le adosó una habitación más por la parte que da a la ría, y posteriormente se construyó un edificio de dos plantas a su lado, que albergaba la vivienda de suplencias, taller y almacén.

Todo el conjunto está siendo sometido a unas intensas obras de reconstrucción para recuperar el modelo original, incluida la nueva cúpula.

Marta Corrada y Beatriz Villanueva son las restauradoras encargadas de recuperar la piedra original. "Estamos recuperando la piedra que decora todo el edificio, y que está muy deteriorada por el agua, el viento, y el salitre. La piedra es muy blanda, es una dolomía de Bustillo, y está muy afectada. Hace años lo quisieron arreglar y forraron la piedra con mortero para intentar protegerla. Pero es de cemento, mucho más duros que la piedra, y al hacer de pantalla no dejó que la piedra respirase,........

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