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Los cinco lazos que conectan Asturias con la universidad privada más influyente de México

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11.02.2026

Una vista del campus del TEC de Monterrey, con el Cerro de la Silla al fondo y los edificios de las residencias en primer término. / M. P.

Marcos Palicio

Al caer la tarde, tres hembras de venado pastan tranquilamente un jardín, ajenas al bullicio que las rodea. Se oye el graznido de un pavo. Hay un estanque y pasan dos patos.  Ignacio de la Vega, vicepresidente de Asuntos Globales del Instituto Tecnológico de Monterrey, un hijo de familia praviana muy enamorado de Asturias, no se refiere exactamente a esto cuando dice que estamos en una universidad “diferente”, pero el enorme campus principal del TEC en la urbe mexicana, capital del estado de Nuevo León y referencia económica del norte del país, esconde otras singularidades menos visibles.

La institución educativa privada más influyente de México, y una de las más prestigiosas de Latinoamérica, presume de un novedoso modelo de aprendizaje “basado en retos”, en proyectos reales propuestos y tutelados por empresas y organizaciones –“tenemos unos 3.000 socios formadores”–, y de una muy decidida orientación internacional. A lo largo de su carrera, un alumno puede tener frente a sí "quince o veinte retos con entrega de resultados", sigue el dirigente de la Universidad. "Queremos vincularles desde el día uno con la industria". Enseñan además sobre un "modelo de desarrollo de competencias transversales" y “probablemente seamos la universidad del mundo con más intercambios de estudiantes, más de 8.000 al año, y tenemos convenios en vigor con ochocientas universidades”.

Las raíces de Ignacio de la Vega sostienen uno de los múltiples puentes transatlánticos que enlazan el TEC de Monterrey con Asturias. “Hay un vínculo que queremos seguir desarrollando”, confirma el vicepresidente de la entidad. Los lazos más básicos y más antiguos los anudó José Antonio Fernández Carbajal, un ingeniero y poderoso empresario de “corazón asturmexicano”, enraizado familiarmente en Siero y Peñamellera Alta que fue alumno, profesor y presidente del consejo directivo de esta institución que además fundó el abuelo de su esposa, Eugenio Garza Sada. En 1943, aquel inquieto regiomontano que había estudiado ingeniería civil en el MIT, el Instituto Tecnológico de Massachussets, materializó a su regreso la idea de reproducir el modelo en su ciudad natal. El “MIT de México”.

Ignacio de la Vega, en el edificio rectoral del TEC de Monterrey. / M. P.

Fernández Carbajal, uno de los sucesores de Garza Sada en la sala de máquinas del TEC, es el........

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