Volver de la Luna rebotando como una piedra en el agua: así fue el regreso de “Artemis 2” contado por el ingeniero ovetense en el control de misión
Volver de la Luna rebotando como una piedra en el agua: así fue el regreso de “Artemis 2” contado por el ingeniero ovetense en el control de misión
Arturo Fernández, jefe de la División de Sistemas de Potencia de la Agencia Espacial Europea (ESA), lideró el equipo de seguimiento del sistema de energía de la nave Orion durante su viaje de diez días a la Luna
“No podíamos contener la emoción. Cuando los astronautas amerizaron fue el júbilo total y los mensajes reiterados de que, todos juntos, podemos hacer cosas increíbles”
Arturo Fernández, en el control de la misión Artemis 2, en Houston.
Cuando la cápsula Orion entraba en la atmósfera terrestre, envuelta en una bola de plasma incandescente a 2.000 grados, no era posible comunicar con los cuatro astronautas. No se sabía si estaban vivos o había ocurrido lo peor. Mientras tanto (era la madrugada del sábado en España), en el control de la misión Artemis 2, en Houston (Texas, EEUU), había un centenar de personas y el silencio era absoluto. “No se oía ni una mosca”, dice el ingeniero ovetense Arturo Fernández (1972), que estaba allí. Como jefe de la División de Sistemas de Potencia de la Agencia Espacial Europea (ESA) ha participado en control de la misión con la que tres hombres, y por vez primera una mujer, han regresado a la Luna. Ahora, ya en casa en Holanda, Arturo Fernández cuenta para LA NUEVA ESPAÑA cómo fue el último día de viaje de los astronautas Glover, Wiseman, Koch y Hansen. Cómo fue su peligrosísima entrada en la atmósfera terrestre y su amerizaje en el océano Pacífico. Así fue, según Arturo Fernández:
"El último día antes de la reentrada, los astronautas durmieron sus ocho horas. Después de las ocho horas siempre les dejan un poco de tiempo de descanso porque durante todo el día les están mandando hacer tareas. Están ocupados prácticamente el 100% del tiempo y también necesitan un poco de tiempo donde estén relajados, donde no están haciendo nada especialmente. Eso suele ocurrir después de las ocho horas de sueño”.
“A partir de ahí el día el trabajo se dedicó básicamente a dejar la cápsula una lista para la reentrada. Los astronautas tienen que volver a colocar los asientos donde van atados para la reentrada. Tienen que colocar todas las cosas en su sitio para que no queda nada flotando. Todo tiene que agarrado. Eso les lleva bastante tiempo, con el chequeo correspondiente. Luego tienen que ponerse los trajes para la reentrada. Van presurizados por si acaso pierden presión. A continuación, se sitúa cada uno en su sitio”.
“A partir de ahí, desde la sala de control se empieza a chequear todo el sistema de reentrada de la nave, que todos los sistemas estén funcionando. A partir de ahí empieza el descenso. Alcanzan una velocidad altísima, unos 40.000 km por hora. Es un momento súper crítico”.
“Lo primero que ocurre, unos 10 minutos antes de empezar a reentrar, es que se separa la parte europea, el SM, el módulo de servicio, que se va a quemar en la atmósfera. Se va a pulverizar. Por su parte, la cápsula que lleva el escudo térmico inicia la reentrada. Todo ello genera un montón de plasma alrededor. Se pierden las comunicaciones durante unos 7 minutos. Ahí la tensión es brutal. No sabes nada de lo que está pasando. Sabes más o menos la trayectoria por la que está entrando y por donde espera salir la nave. Esos momentos son los peores”.
Una piedra que rebota en la atmósfera
“En ese momento, la nave hace una maniobra que en inglés se llama skipping stone. Es como cuando tiras una piedra plana en un estanque y rebota. Con la nave hacen lo mismo. Hacen que entre a muchísima velocidad y para perder velocidad logran que rebote en la atmósfera. Entonces, la nave vuelve a subir y en esa subida empieza a perder velocidad. Eso se aprovecha para afinar el punto de amerizaje”.
“Esa maniobra se probó por primera vez en la historia en Artemis 1 y esta fue la segunda vez que se hizo. Está desarrollada por un equipo de NASA y son los únicos en el mundo que han podido hacer algo así. Es espectacular porque dejas de tener una reentrada directa, como ocurría en las misiones Apolo, donde el punto de caída era amplísimo. Con esta maniobra, a esa menor velocidad, se puede afinar y acertar muchísimo más dónde la nave va a amerizar”.
“Así, con respecto al punto designado de amerizaje, solo se separaron 1,8 millas. Eso facilitó el rescate porque el barco estaba muchísimo más cerca y los buceadores que acudieron a ayudarlos estaban también muy cerca. De hecho, las primeras lanchas llegaron en pocos minutos, unos 10 minutos, una cosa así”.
La emoción incontenible
“En la sala de control, ese día, había muchísima gente. A mí me tocaba el turno de trabajo, pero fuimos todos a ver la reentrada. Estábamos con los bucles de sonido conectados y, en vista de que había tantísima gente, creo bastante más de 100 personas, el jefe de la sala habló con nosotros antes de empezar el proceso. Dijo que habían acordado que sólo teníamos que celebrarlo cuando amerizásemos. Porque había gente trabajando. La gente del SM terminamos de trabajar unos 10 minutos antes de la reentrada, pero había controladores que seguían trabajando hasta el último momento. Entonces, para no molestarlos, se decidió hacer eso”.
“Pero luego, en cada momento crítico, la emoción no se podía evitar y acabamos todos aplaudiendo de nuevo. El momento más crítico claramente es cuando llegan esos 7 minutos de desconexión, cuando se alcanzan temperaturas enormes y no tienes comunicación de radio y hay mucha vibración. Cuando los astronautas salieron de ahí y empezamos a escuchar su voz todos volvimos a aplaudir. Nadie se podía contener. Incluso antes, cuando se vio la separación del SM y pusieron una cámara de uno de los paneles solares apuntando al módulo de servicio y se vio cómo se separó la cápsula”.
“Después llegó la secuencia de despliegue de los paracaídas. Pasados los 7 minutos de desconexión. Los primeros en abrirse fueron unos paracaídas especiales que se pueden desplegar a velocidades altísimas, a unos 550 kilómetros por hora. Con eso intentan reducir la velocidad hasta unos 200 kilómetros por hora. A partir de ahí se despliegan los paracaídas finales, que reducen más la velocidad. Hasta que se logra la velocidad de amerizaje, de unos 30 kilómetros por hora. En cada uno de esos momentos se iban desplegando distintos paracaídas. Son los momentos son muy tensos también. Si no se despliega alguno de ellos, evidentemente, tienen un problema enorme. Por eso no podíamos evitar aplaudir a medida que todo iba saliendo bien, a pesar de que nos mandaban callar porque había gente trabajando todavía”.
Lo hemos hecho todos juntos
“Ya en el último momento, cuando conseguimos amerizar, ahí se produjo una explosión de júbilo total. Cuando los astronautas ya estaban a salvo, flotando en el mar, entraron varios representantes políticos que habían estado en una sala adjunta en NASA, viéndolo todo. Cada uno de ellos, dio un pequeño discurso. Quizá el más emotivo fue el de una representante del distrito al lado de NASA que dio un mensaje de unidad. Insistió en que lo habíamos hecho todos juntos. Nos mencionó incluso a los europeos que estábamos allí y dijo que, en la situación del país, la misión Artemis 2 había sido un ejemplo de que si la gente trabajaba junta se pueden conseguir cosas increíbles”.
“El último en hablar fue el jefe de proyecto, Howard Hu. Vino decir lo mismo, que lo habíamos hecho entre todos. También se acordó de todos nosotros, los europeos tanto de Airbus como de la ESA, como de toda la parte americana. Y volvió a insistir en el hecho de poder trabajar todos juntos. Nos vino a decir que éramos el mejor equipo del mundo y que gracias a eso lo habíamos conseguido. Ahí ya se produjo un aplauso total.
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Pizzas, perritos y cerveza
“Ya se te baja la adrenalina. Todo el mundo empieza a relajarse. La gente de NASA había organizado una pequeña fiesta justo en la parte exterior, donde tiene un centro deportivo y se pueden hacer celebraciones. Organizaron una fiesta con un poco de pizza, perritos calientes y cervezas. Y ahí nos juntamos todos a todos. Caras de alegría, felicidad, haciéndonos fotos todos los equipos juntos. Así terminó el día”
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