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El experto que explica por qué ningún joven puede ya comprar un piso y se empobrece viviendo de alquiler

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04.04.2026

El experto que explica por qué ningún joven puede ya comprar un piso y se empobrece viviendo de alquiler

El sociólogo e investigador del CSIC Javier Gil analiza en "Generación Inquilina" la nueva burbuja inmobiliaria: "Vivimos en una gran pirámide especulativa donde la vivienda es transformada en activo financiero para extraer renta"

"La población no va a poder acceder a la propiedad pero, además, vivir de alquiler significa empobrecimiento, precariedad, inestabilidad, no tener futuro a medio plazo. Necesitamos que el Estado intervenga el mercado"

Javier Gil / Cristina Candel

Javier Gil, doctor en Sociología, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), acaba de publicar el ensayo «Generacion inquilina» (ed. Capitán Swing), donde analiza la crisis de vivienda que sufre España y propone «un nuevo paradigma de vivienda para acabar con la desigualdad». Gil presenta su libro el próximo día 8, a las 19 horas, en la librería Matadero Uno de Oviedo. Al día siguiente, a la misma hora, lo hará en la Escuela de Comercio de Gijón.

-En su libro viene a decir que, en el ámbito de la vivienda, pasamos de un esquema de Ponzi, de una estafa piramidal, a otra: de una burbuja sustentada en la concesión masiva de hipotecas, antes de la Gran Recesión de 2008, a la burbuja actual hinchada con la compra masiva de pisos para alquilar.

-Eso es. Vivimos en una gran pirámide especulativa formada por muchísimos tipos de activos donde la vivienda es transformada en activo financiero para extraer renta. Es el elemento sobre que el que sostiene esta gran burbuja, que solo se puede sostener así por una fuerte intervención del Estado y de instituciones económicas y políticas como los bancos centrales.

-¿Cómo pasamos de una burbuja a otra?

Hasta el 2008 hubo una burbuja de deuda privada: hogares a los que se le da crédito y que se endeudan para comprar vivienda. Y eso hace que se dispare el precio de la vivienda y se desconecte de la realidad económica de los hogares y de los países. ¿Qué sucede? Que eso acaba pinchando. Ahora no es deuda privada, es deuda pública. Y no son hogares, son inversores. Hay mucho dinero que se crea y va a parar también a la vivienda. Y eso hace que se desconecten los precios de la vivienda de la realidad económica. Pero ahora mismo no es deuda privada sostenida por hogares sino deuda pública de los Estados y de instituciones como los bancos centrales. Y el efecto es el mismo: desconectar los precios de la realidad económica de los países y de los hogares.

-Antes éramos una generación de propietarios aspiracionales y ahora somos una generación de inquilinos. ¿Ese es el cambio?

Hasta 2008 los salarios podían pagar el precio de la vivienda y había crédito accesible. En los años 80 del pasado siglo XX te comparabas una vivienda con el salario de 3 años. Ahora, de media, la gente joven necesita el salario de 14 años. Pero en ciudades como Madrid y Barcelona estamos hablando de unos 20 años. Es decir, los salarios de hoy en día ya no pueden pagar los precios de la vivienda. Por eso se va formando esa generación inquilina que está excluida de la propiedad. Pero no por voluntad propia de vivir de alquiler sino porque los precios para comprar se han desconectado de la realidad económica. Antes, si trabajabas y te esforzabas, podías acceder a la vivienda en propiedad. Ahora ya no. Ahora, lo que determinaba que puedas tener una vivienda en propiedad son las transferencias de renta dentro de la familia.

-Es decir, que los padres ayuden a comprar el piso.

-Eso es. Que te pongan el piso, que te den la entrada, etcétera.

-¿De otra manera imposible?

-Es que los salarios ya no pueden pagarlos. Puede que, de manera excepcional, se pueda hacer, pero de manera generalizada en una ciudad como Madrid, Barcelona, Bilbao, Donostia, Valencia o Sevilla, los precios están desconectados de la realidad económica.

-¿Qué dispara los precios?

-Ha sido una demanda especulativa lo que ha distorsionado los precios. No una demanda residencial. Inversores que compraban vivienda no para vivir en ella sino como negocio. Y eso ha hecho que los precios suban. Los está alejado de la realidad económica de las familias. Es un nuevo ciclo que yo llamo de planificación rentista, de capitalismo rentista. Después de la crisis de 2008 los precios se hunden y el Estado interviene para cambiar un montón de leyes para que entren los fondos de inversión y compren las viviendas de los bancos. Les ponen una alfombra roja y eso genera un nuevo ciclo de especulación. Es dinero internacional que entra al sector inmobiliario español. Y eso genera un nuevo ciclo inmobiliario alcista. No es la economía del país lo que impulsa los precios. Esto hace que cada vez más inversores -fondos de inversión, pero también los hogares de mayor renta, hay muchos tipos de inversores- se beneficien más del negocio de la vivienda a costa de esta «generación inquilina».

-¿Y cómo conseguir que los jóvenes pueden llegar a tener una vivienda? Hay quien que argumenta que, construyendo más, los precios bajarán.

-Lo que demuestra el libro con datos del Banco de España es que, en primer lugar, no estamos ante una situación de escasez de vivienda de forma generalizada. Además, hay muchos lugares que pierden población y donde el precio de la vivienda sube. ¿Por qué? Por ejemplo, pueden perder población porque se la expulsa para convertir las viviendas en pisos turísticos. Si ahí construyes más viviendas los precios no van a bajar. Tú tienes que determinar en qué zonas hay una situación de escasez de vivienda que hace que suban los precios. Hay sitios que sí que hay necesidad de construir vivienda y ahí, aparte de controlar estos efectos especulativos -pisos turísticos, vivienda vacía, usos antisociales- hay que evitar que no sean los especuladores quienes construyan lo que necesitamos. Es decir, si una cooperativa de vivienda que quiere construir viviendas asequibles va a pagar 10 millones por un solar y un fondo de inversión ofrece 15 millones de euros, la cooperativa no puede dar más por ese suelo porque tendría que repercutirlo en las viviendas y no quiere hacer eso. El fondo de inversión, en cambio, sí puede pagar esos 15 millones de euros porque lo que busca es subir los precios todo lo que pueda y para eso va a acaparar todo el suelo posible. Por ejemplo, el Madrid de los desarrollos del sudeste. Se están construyendo miles de viviendas en una gran operación. Están sacando ya las viviendas de dos habitaciones a medio millón de euros sobre plano y en sitios donde no hay ni carretera, ni comercios, ni centros de salud, ni escuelas. ¿Es esta es la vivienda que va a bajar los precios? Así no van bajar. Todo eso ocurre cuando dejas la construcción y la gestión en manos de especuladores. Donde haya que construir tiene que ser una construcción social que contribuya a bajar los precios, a garantizar una vivienda asequible. Y para eso hay que regular cómo se construye y los precios, por supuesto.

-Habla en el libro, como referencia a tomar, del modelo de Viena para viviendas en alquiler. ¿Cómo funciona ese modelo y qué efectos ha tenido?

-Lo central del modelo vienés es que dos tercios del mercado del alquiler no están en manos del mercado privado. Dos tercios son empresas públicas, son cooperativas de vivienda en cesión de uso apoyadas con el Estado, dándoles suelos con fiscalidad apropiada, dándoles financiación, avales. Cuando dos tercios del mercado no se gestionan según el criterio del mercado eso reduce la rentabilidad de la iniciativa privada. Aquí los criterios son sociales. Es decir, la gente está pagando un 15 o un 20 por ciento de su sueldo como alquiler. Y los contratos alquiler son indefinidos, no te pueden echar para montar un piso turístico, eso es ilegal. Entonces, lo que vas haciendo es que en la parte de mercado privado que no está regulado, donde cada uno puede poner el precio que quiera, no quede hueco para los grandes especuladores. Cuando tienes dos terceras partes que se organizan bajo criterios sociales nadie quiere vivir en el mercado libre. Todo el mundo quiere vivir en el mercado regulado. Los especuladores no tienen hueco. Y quien opera en el mercado libre acepta rentabilidades más bajas.

-Y usted propone imitar eso.

-Esta es la propuesta que yo hago. Hay que cambiar las reglas del juego. El Estado tiene que dar un paso al frente, interviniendo las operaciones especulativas, promoviendo vivienda de propiedad pública y otras formas de cooperativismo que sean una alternativa a lo que nos están ofreciendo los especuladores. Y cuando el Estado dé ese paso al frente a través de todo este tipo de herramientas, los especuladores salen escopetados. No hay sitio para ellos en el modelo. El modelo vienés logra que la población viva de manera digna de alquiler. La población elige vivir de alquiler como forma digna de vida.

-Pero en España siempre quisimos todos tener un piso.

-Cierto. El problema es que ahora la población no va a poder acceder a la propiedad por todo lo que he explicado anteriormente. Y ahora, además, vivir de alquiler significa empobrecimiento, precariedad, inestabilidad, no tener futuro a medio plazo. Necesitamos que el Estado intervenga el mercado para garantizar este tipo de iniciativas públicas, de cooperativas de vivienda que garanticen una alternativa digna donde no pase lo que está pasando ahora en el mercado de alquiler. Ahora se ha aprobado una prórroga de los alquileres de dos años… ¿Por qué dos años? ¿Por qué no indefinidos si en la mitad de Europa los precios de los contratos alquiler son indefinidos?

-En Asturias ya estamos notando la proliferación de las viviendas turísticas en nuestras principales ciudades. ¿Qué efectos tiene eso?

-Por un lado, permite a sus propietarios obtener más beneficios porque ganan más alquilando a turistas que a la población local. Pero eliminas con ello oferta de vivienda residencial y eso es un problema. Quitas derechos a los inquilinos porque les fuerzas a competir con turistas, que tienen más capacidad adquisitiva. Todo ello corrompe el mercado residencial. Es una forma de atacarlo simplemente con el objetivo de ganar más dinero.

-¿Y el impacto de la proliferación de pisos turísticos es mayor en los núcleos pequeños?

-Si en la zona rural, en la España vaciada, metes pisos turísticos olvídate de generar desarrollo económico. Si pones pisos turísticos, suben los precios de la vivienda y la población local no puede vivir ahí. Para que se genere desarrollo económico en esas zonas, lo que necesitas es reducir el precio de la vivienda todo lo que puedas para fomentar la movilidad social y poblacional hacia ese entorno.

-¿Qué factura social pagaremos por esta crisis de la vivienda?

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-No estamos siendo conscientes de que la crisis de vivienda es la principal base de un nuevo malestar social. Los pactos sociales dominantes de nuestra sociedad dicen ‘Si trabajas y te esfuerzas vas a poder vivir bien’ , pero ahora esto se está rompiendo. Estamos ante una crisis política. Esto se está disputando desde posiciones igualitarias y redistributivas, que son las que yo defiendo, que buscan la que yo defiendo. Lo que se está contando desde ese punto de vista es que todo esto está pasando en un contexto de concentración de la riqueza y de la propiedad. Lo que necesitamos es redistribuir la riqueza y la propiedad y democratizar el sector inmobiliario. Pero después de un par de legislaturas de gobiernos de izquierdas todo esto solo ha ido peor, precios de compra y alquileres en máximos, pisos turísticos, vivienda vacía, etcétera. La población entonces se dice: estos, que son los que van a solucionar el problema bajo una perspectiva democrática, no lo están haciendo. Entonces es cuando la gente se deja llevar por otro tipo de discursos políticos. Aquellos que dicen que el problema no es el ‘rentismo’, que no es la desigualdad, que no es la concentración de riquezas, aquellos que dicen que el problema son los migrantes, los alquilados o los okupas. Entonces ahí ves que la crisis de vivienda se convierte, de repente, en gasolina para el auge de la extrema derecha.

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