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¿Cómo se visten las imágenes de la Semana Santa de Luarca? Lo hacen mujeres con "maña" y "mucho sentimiento"

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29.03.2026

¿Cómo se visten las imágenes de la Semana Santa de Luarca? Lo hacen mujeres con "maña" y "mucho sentimiento"

"Hay que hacerlo 'despacín'. Mi madre, Pacita, siempre decía: 'Con calma, nena'. Porque si corres puedes estropear los trajes", explica la luarquesa Paz Paredano, el alma de esta ocupación

¿Cómo se visten las imágenes de la Semana Santa de Luarca? Son mujeres y tienen "maña" y "mucho sentimiento"

En la penumbra tranquila de la capilla de La Atalaya, cuando todavía no hay público ni tambores ni procesiones, se lleva a cabo uno de los trabajos más silenciosos, y más delicados, de la Real Hermandad del Buen Jesús Nazareno de Luarca. Las imágenes se visten.

No es un gesto rápido ni ceremonial. Es casi un ritual doméstico, hecho con paciencia, alfileres diminutos y memoria. Y las encargadas de que todo esté perfecto son Paz García y Lidia Rico, camareras de la hermandad y cuñadas. Dos mujeres que, cada año, se ocupan de vestir al Nazareno, a la Dolorosa, a San Juan y a la Verónica antes de que empiece la Semana Santa en Luarca.

Paz Paredano y Lidia Rico observan uno de los mantos del Nazareno. / Ana M. Serrano

Paz García tiene 62 años y lleva haciendo este trabajo prácticamente media vida. Pero en realidad empezó mucho antes. De niña ya venía a la capilla con su madre. Mientras los mayores trabajaban con las telas y los mantos, los críos corrían entre bancos y columnas. Ella recuerda perfectamente aquel escenario. "Mi madre se traía a todos los pequeños. Nosotros andábamos por aquí jugando. Yo no paraba quieta. A veces me decía: 'Toma, sujétame estos alfileres'. Y así iba viendo cómo lo hacía, recuerda con una sonrisa.

Un recuerdo especial para Pacita Rodríguez

Aquella mujer, Pacita Rodríguez, y su hermana Maruja, Luz Rodríguez de nombre real, eran las camareras de entonces. Ellas vestían las imágenes durante décadas. Con los años, la historia se repitió. Cuando su tía dejó de hacerlo y su madre empezó a necesitar ayuda, Paz volvió. Y desde entonces no se marchó. Desde entonces, han pasado treinta años.

"Esto no tiene prisa", explica mientras habla de la tarea. "Hay que hacerlo 'despacín'. Mi madre siempre decía: 'Con calma, nena'. Porque si corres puedes estropear los trajes". Los atuendos de cada imagen tienen su historia. Algunos han sido donados por familias del pueblo y otros se han confeccionado con aportaciones colectivas. El del Nazareno, por ejemplo, guarda todavía parte de su original, ls bordados Y eso es mucho decir porque la cofradía data del siglo XV.

Paz Paredano y Lidia Rico, posan en la capilla de La Atalaya. / Ana M. Serrano

"Este fue el primer traje con el que procesionó", explica la camarera. Y añade: "El terciopelo se cambió con el tiempo, pero el bordado es el mismo. Ahora tiene otros dos más elaborados, con hilo de oro, y los vamos turnando".

El invierno, con ropas más sencillas

Las imágenes pasan el invierno con ropas más sencillas. No es por estética, sino por supervivencia. El mar está demasiado cerca. En e día que se hace la entrevista gruñe furioso. "Basta oírlo", acierta a decir Paz García. Bromas aparte, el deterioro tiene explicación física. "Aquí el salitre estropea todo", señala. "Por eso los trajes de procesión se guardan. Si no, se deteriorarían mucho", indica.

Algo parecido ocurre con la Dolorosa. El manto que luce habitualmente es uno de los primeros que tuvo la imagen. Está bordado con cristales y es tan grande que, cuando lo colocan, deben proteger incluso el pan de oro del retablo.

"Si roza contra el dorado, se tiñe", explica Paz García señalando el respaldo donde apoyan la tela con cuidado milimétrico. Cuando alguna pieza se deteriora, la solución suele venir de manos expertas. Hace poco llevaron uno de los mandiles de la Virgen a reparar a las religiosas de las Pasionistas. Allí todavía se borda buena parte del patrimonio textil de las cofradías asturianas.

Paz Rodríguez estudia el manto de la Dolorosa. / Ana M. Serrano

"Nosotras pensábamos que esos bordados los hacían las Adoratrices", recuerda Paz. "Pero las monjas nos explicaron que muchas veces las mujeres que ellas acogían iban a aprender a bordar con las Pasionistas. Son ellas las que hacen trabajos para cofradías de toda Asturias", recalcan. Todo ese patrimonio termina pasando por las manos de las valdesanas Paz y Lidia. Y el proceso es sorprendentemente sencillo. ¿Material? "Pues alfileres", resume la primera. "Imperdibles pequeños… y maña".

La maña es importante porque las imágenes no solo tienen que estar elegantes. También tienen que resistir el viento del puerto. "Hay que sujetar bien las telas para que no vuelen", explica. Lo saben bien por ser luarquesas: "La curva del faro es terrible. Y cuando el paso sube por las calles también". Las imágenes se visten el sábado anterior al comienzo de los actos. El trabajo puede llevar unas dos horas. Pero ahí no termina todo. Cuando las figuras se colocan sobre los tronos, hay que volver a empezar. "Porque los mueven para subirlos y bajarlos", cuenta Paz. Y entonces hay que retocar todo otra vez.

Lidia Rico, la ayuda imprescindible

Lidia Rico observa y asiente. Su llegada a esta tarea fue diferente. No empezó por tradición familiar directa, sino por cariño. Su suegra era una de las camareras históricas de la hermandad y cuando las mujeres que vestían las imágenes empezaron a cansarse, decidió ofrecer ayuda. "Un día bajaban diciendo que venían muy cansadas", recuerda. "Y yo les dije: si necesitáis una mano, yo os la echo".

Paz Paredano y Lidia Rico, con la Dolorosa. / Ana M. Serrano

Y así empezó. Dice que no recuerda ni el año exacto. Lo que sí recuerda es a su suegra, Pacita. "Ella vivía todo para el Nazareno y para la Virgen", dice. "Yo entro aquí y todavía la veo. Es como si estuviera viendo cómo colocaba los mantos", explica. La memoria era su herramienta principal. "Se acordaba de los pliegues de un año para otro. Perfectamente", cuenta Lidia. "Yo tengo que venir con un papel para mirar cómo iban, pero ella lo tenía todo aquí", dice señalándose la cabeza.

Ahora son ellas quienes continúan ese legado. La tarea exige concentración, pero también tiene algo de refugio. "Ese día estás a lo que estás", dice Lidia: "Parece que no, pero relaja. Te centras en que el traje quede bien y te olvidas de todo lo demás".

Contra lo que puede parecer a primera vista, los fieles sí tienen en cuenta cómo se colocan los mantos. Aunque muchos crean lo contrario, cuando las imágenes salen en procesión los vecinos miran los detalles y observan su indumentaria. "Lo observan todo", aseguran las camareras. "Si cambiamos un pañuelo, si el manto cae distinto, si el corazón de la Dolorosa es otro… lo ven", subrayan. Por eso intentan que todo esté en su sitio: Que las telas caigan firmes. Que las imágenes luzcan. "Tienen que ir bien, bien", resume Lidia. "Que vayan firmes y lucidos", añade Paz.

Por ahora no hay relevo claro para esta tarea. Ninguna joven se ha acercado todavía a aprender. En todo caso, ellas no parecen preocupadas. Prefieren centrarse en lo que toca cada año: abrir los armarios, sacar las telas antiguas, colocar alfileres diminutos y repetir un gesto que lleva décadas pasando de unas manos a otras. Un trabajo casi invisible porque nadie puede olvidar que las imágenes se cambian a resguardo de todo tipo de miradas, en una habitación y con intimidad.

La labor de estas mujeres, callada y discreta, es imprescindible para que, cuando las imágenes salgan a las calles de Luarca, todo parezca, como siempre, "perfecto".

Tras la procesión del Domingo de Ramos, los recorridos religiosos vuelven el Miércoles Santo. A las 21:00 horas, tiene lugar una de las primeras grandes citas: la procesión del Cristo del Perdón. Parte desde la iglesia parroquial y avanza por calles como Párroco Camino, Pilarín, Puente Travesía, La Farola y Uría, en un recorrido circular que devuelve la comitiva al templo. La imagen del Cristo va acompañada por las tallas de la Dolorosa, San Juan y la Verónica.

Al día siguiente, Jueves Santo, a las 21:30 horas, se celebra el acto más emblemático de la Semana Santa luarquesa: la subida del Buen Jesús Nazareno. La procesión arranca igualmente desde la iglesia parroquial y recorre el centro antes de iniciar el ascenso por las calles de la Esperanza y la Carril hasta la capilla de la Atalaya, en lo alto del pueblo. Es un momento especialmente esperado, tanto por vecinos como por visitantes, y destaca por su carga simbólica y la participación popular, según la Real Hermandad. El Viernes Santo, a las 20:00 horas tiene lugar la procesión del Santo Entierro.

En ella desfilan varias de las imágenes más representativas: la Verónica, San Juan, la Dolorosa, el Cristo del Perdón, la Virgen de las Angustias y la urna con el Cristo Yacente. A las ocho de la mañana del sábado se espera el inicio de la procesión del Silencio, es decir, la subida, por la carretera del faro de las imágenes que acompañan al Nazareno en la bajada y que descansan todo el año en la capilla de La Atalaya.

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