Las sillas de playa y las flores de los muertos
Hubo un tiempo en el que a los niños, por el día de los muertos, nos sacaban del cole para llevarnos al cementerio. No recuerdo bien qué hacíamos allí, más allá –nunca mejor dicho– de intentar calcular cuántos años tendría ahora aquel niño de la foto en una lápida o de no entender por qué unos nichos estaban adornados con flores y otros no. No sé, ni siquiera, si son recuerdos fabricados. Pero siguen sin gustarme los cementerios.
Lo que sí recuerdo perfectamente es que en esos días ya llevábamos abrigo. O, mejor dicho: chaquetón. Entonces no había plumas, ni fiestas de........
