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Mundial y samba - Disquero

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04.07.2026

Como en una novela de Jorge Amado trasladada a los estadios, existe una historia de piernas bailando samba en plena cancha. Esa tradición se consolidó en 1970 y fue conocida como La Orquesta de Zagallo, integrada por figuras legendarias como Carlos Alberto, Everaldo, Clodoaldo, Jairzinho, Gérson, Tostao, Pelé, considerado como el mejor equipo en la historia, que ganó en aquel Mundial sus seis partidos con 19 goles a favor y sacó a bailar a la joya más anhelada, la copa Jules Rimet. Fue el inicio de lo que es conocido como el jogo bonito.

Desde entonces, los jugadores brasileños bailan gambeteando, aunque en la evolución técnica del futbol ese baile comienza a declinar para dar paso a otro tipo de desplazamiento. Pero siempre danzado. Esa danza responde a la idiosincracia brasileira, está en su cultura. Bailan, samban, zarandean.

En su pieza Tem mais samba, de 1964, Chico Buarque puso una bandera en lo alto de la cima de la libertad, con un simple verso: Se todo mundo sambasse seria tão fácil vivir.

Otra canción de Chico Buarque, titulada La Banda, despertó a los adormilados, puso a bailar a los tristes, hizo soñar a los insomnes, volvió poderosos a los humildes y puso alas en los pies de todos.

La idea es dinamitadora por sencilla: un pueblo triste de pronto sonríe porque escucha en la calle una banda musical que canta cosas de amor y entonces salen todos a la calle a bailar.

Mientras tanto, dos poetas dormitaban en Copacabana cuando vieron pasar una aparición: en fracciones de segundo el mundo les empezó a correr frente a sus ojos en cámara lenta, cadenciosa. El paso de una muchacha (garota, en brasileiro) producía sonido con sus muslos rozando el........

© La Jornada