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Mundial y bandoneón - Disquero

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03.07.2026

Hay un momento en el estadio cuando se hace un silencio imposible. Es el preámbulo al sonido húmedo de un empeine contra el esférico. Tuc. En fracciones de segundo, ruge el graderío y todo vuelve a su normalidad: un alboroto de gritos, saltos, alaridos. Ruiderío.

En ese improbable pero intenso instante de silencio en el estadio podemos escuchar la respiración de todos, inclusive de algunos jugadores.

Respiración. Esa es una de las cualidades de un instrumento musical que es mágico, aéreo, poderoso: el bandoneón, el instrumento nacional de Argentina.

El bandoneón es un instrumento que respira. Podemos escuchar el sonido mecánico de las clavijas, el entrechocar de las orillas de la piel de oruga, los pliegues que se alargan y se cierran y es ahí cuando respiran.

Es como el bufido de una ballena en el instante previo a soltar chorros gigantescos de agua hacia el cielo, en altamar. Alta madre.

El sonido del soplido de una ballena es la exhalación forzada de aire a través de su espiráculo, esa fosa nasal ubicada en la parte superior de su cabeza por donde respira el cetáceo y expulsa chorros visibles cuyo sonido traspasa las eras. Podría pensarse que el mamífero expulsa agua, pero en realidad arroja aire caliente, mucosidad y vapor.

El sonido, whooossshh, sucede a gran velocidad. Las ballenas jorobadas tienen un chorro en forma de columna, mientras que otras especies pueden tener forma de V o de corazón.

Aire........

© La Jornada