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Nosotros ya no somos los mismos

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26.01.2026

Recuerdo que la madre Eva, una de las monjitas que me enseñaron las primeras letras y números en el colegio Antonio Plancarte (sacerdote y educador mexicano que fundó primarias por todo el país), echó abajo uno de mis constantes pretextos por no haber estudiado las tablas de multiplicar: es que me quedé rezando el rosario, le decía. “El rosario es una buena costumbre, pero estudiar es una obligación. Y sábete que: en la vida, primero son las obligaciones que las devociones”. Su aspecto en general era amable, pero el tono de su voz era tan categórico, que no daba lugar a contestación alguna. Han pasado los años y, pese a los recuerdos, reconozco que ahora no siempre cumplo fielmente mis obligaciones y, por lo que compete a los rosarios, considero que los que oré en mis primeros años alcanzan a cubrir muchos lustros posteriores. Pues esta columneta es un ejemplo de lo anterior.

Quería compartir con ustedes hoy lo acontecido en la semana más estremecedora que considero........

© La Jornada