José Revueltas y la terquedad de la historia
Hace poco más de medio siglo, el 15 de abril de 1976, José Revueltas fue sepultado en el Panteón Francés. Tenía casi 62 años y se encontraba enfermo desde hacía un buen rato.
Su muerte prematura tuvo que ver, sin duda, con su paso por diferentes cárceles como reo político. Durante casi cuatro años y medio fue inquilino de distintas penitenciarías. Todavía no cumplía 15 años cuando fue internado seis meses en la correccional. Tuvo dos encierros en las Islas Marías. Uno de ellos, según cuenta su entonces camarada El Ratón Velasco, porque, ya encarcelado, exigió para ambos agua y sol. Y, para complacerlo, los mandaron a esa versión de la Isla del Diablo que hoy es un centro turístico. La cereza en el pastel en ese currículum penitenciario fueron los infames 30 tremendos meses en los que estuvo detenido en el Palacio Negro de Lecumberri acusado de ser instigador y autor intelectual del movimiento estudiantil-popular de 1968.
El autor de Muros del agua aseguraba que la cárcel no lo había afectado, y que, por el contrario, lo había fortalecido, que le daba vigor. Dentro de Lecumberri explicaba a sus compañeros que estar detrás de los barrotes eran los gajes del oficio de revolucionario, que esa era la lucha de clases y que había que ser consecuente con lo que esto implicaba.
Si uno es oportunista –decía– el camino lo tiene allanado, pero tenía que allanarse. “No. Yo no cederé hasta el último momento de mi vida. Se amarga la gente que está toda su vida en puestos........
