¿La fiesta en paz?
Aficionado pensante donde los haya, Óscar Méndez envía este irrefutable texto: La tragedia de la fiesta brava es, en el fondo, una comedia. Y como en toda buena comedia, los personajes han seguido su guion con admirable precisión. Ahí están empresarios, ganaderos, toreros y aficionados, cada uno representando su papel con tal maestría que al final nadie sabe quién es el héroe y quién el villano; lo único cierto es que todos son los enterradores.
“Es costumbre atribuir la culpa de nuestras desgracias a las autoridades. Se les acusa de haber prohibido los toros en la Ciudad de México, como si hubieran empuñado la espada de la justicia para decapitar a la tauromaquia en el esplendor de su juventud. Si algo hicieron, fue ponerle lápida a un muerto que llevaba décadas agonizando en la plaza, desangrándose entre aplausos corteses y boletos de cortesía. ¿Quién, entonces, cometió el crimen? ¿Quiénes fueron los diligentes sepultureros que cavaron, con paciencia y método, la fosa donde........
© La Jornada
