El Mundial se convirtió en un fantasma - El último de la banca
No hay nada más melancólico que un estadio vacío. Después de que el último aficionado sale, cuesta creer que horas antes ese mismo lugar fuera capaz de hacer temblar la tierra. Sin actividad y sin público, no es más que un cascarón. Se parece a aquella mesa de billar sin bolas del cuento de Gabriel García Márquez, En este pueblo no hay ladrones, donde Dámaso las roba y condena a todo un pueblo a la monotonía al privarlo de su único entretenimiento.
Nunca ese vacío fue tan evidente como en la pandemia de 2020. Sin gente en las tribunas, los partidos se convirtieron en acontecimientos extraños. Dos equipos jugaban ahogados por el silencio. En un juego de la Bundesliga en la era del covid, el Borussia Dortmund goleó 4-0 al Schalke. Erling Haaland anotó y, por instinto, corrió hacia la grada vacía para celebrar el gol frente a unos aficionados imaginarios. A unos metros, sus compañeros fingieron abrazarlo. Durante unos segundos, el futbol fue como una película muda.
Al día siguiente de la eliminación de México, el estadio Azteca también........
