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Ceuta es el síntoma, no la crisis

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tuesday

Hoy día hay mucho debate en torno a la inmigración. En el contexto de que casi 49 mil migrantes cruzaron de Marruecos hacia el enclave español de Ceuta en un solo día, una oleada sin precedente que ha puesto las causas de fondo de la migración en la agenda de la humanidad.

Con demasiada frecuencia, sin embargo, al hablar de la gente que llega a nuestras fronteras evitamos la pregunta más profunda:

¿Por qué dejan sus hogares?

Yo condeno la xenofobia dondequiera que aparezca.

Sea que se dirija a los migrantes en Europa o a nuestros semejantes africanos en Sudáfrica, el miedo y el odio no son políticas. Son síntomas de sociedades que luchan contra la inseguridad, la desigualdad y la falta de cohesión social.

Sin embargo, no basta con condenar la xenofobia.

Debemos preguntar por qué la vida en el lugar de origen se ha vuelto tan imposible que las personas están dispuestas a cruzar desiertos, confiar su vida a traficantes y arriesgarse a morir ahogadas en el mar.

Nadie abandona por voluntad propia a su familia, su idioma, su cultura y su patria a menos que algo fundamental se haya destrozado.

Lo que ocurre en África no puede desvincularse de la historia.

El legado de esclavitud, colonialismo, la Conferencia de Berlín, la conquista imperial y la extracción de la riqueza de África contribuyeron a dar forma a una economía global que enriqueció imperios, a la vez que dejaba a muchas sociedades africanas con instituciones frágiles y profundas desigualdades.

La historia importa, pero no es suficiente. Debemos hacernos preguntas difíciles sobre nosotros mismos.

¿Qué han hecho o dejado de hacer las élites políticas y........

© La Jornada