Acudir a la historia
Hace un par de semanas y durante unos días, el nombre del conquistador Hernán Cortés atrajo la atención de la opinión pública; como suele suceder, su carácter y su historia despertaron el interés de una parte de la opinión pública.
Algunos, uno que otro lo elogió, pero lo que más hubo fueron críticas severas por su crueldad y por haber participado en la destrucción de una cultura, la nuestra, la de entonces, original y propia, muy distinta a la europea. Se recordaron las matanzas de Cholula y del Templo Mayor y el asesinato de Cuauhtémoc “el joven abuelo”; también se recordó que el leitmotiv de su conducta fue ambivalente, por un lado, pretendía justificarse difundiendo la fe cristiana, pero en el fondo lo movía su ambición, su gran codicia; más que honores o reconocimientos, lo que buscaba era oro, mucho oro, riquezas, tesoros y poder personal.
Fue protagonista de algunas hazañas de valor y audacia, pero su dios verdadero fue siempre el oro, era lo que buscaba y perseguía; su personalidad atrae, pero la calificación que debe recibir de quienes analizan la historia, lo pone en su lugar: la principal característica de él y de su aventura fue matar y apoderarse de lo ajeno.
Tuve hace ya un titipuchal de años, la........
