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Jazz

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26.02.2026

Lo primero que te seduce en el álbum debut de Piña para la niña son sus envolturas de cartulina y celofán. A estas alturas de la historia, un disco físico se vuelve cada vez más extraño y, por supuesto, más atractivo. Y si a la portada y al booklet les agregamos las fotografías de Rafael Arriaga, sus claroscuros, sus excelentes juegos de luz y sombra, esto se convierte, de entrada, en una verdadera obra de arte objeto.

Luego viene la propuesta musical de dos jóvenes improvisadoras (una que está llegando a los cincuenta y otra que transita apenas por los veintes) que desde el primer instante nos envuelven con la audacia y la belleza de sus trazos. Adriana Camacho, de largo alientos en la escena jazzística, está en contrabajo, voz, ocarinas y efectos; mientras que Eli Piña se hace cargo del sax tenor, la voz y las ocarinas.

El dueto inserta 11 tracks en un ritual de magia pura, con........

© La Jornada