Infancias perdidas
La niñez indígena experimenta la dureza de la vida desde que nace en los pisos de tierra dentro de los jacales derruidos en la Montaña de Guerrero. Durante su infancia padecen los estragos de la desnutrición, la insolación y la desatención médica. Sobre las espaldas de sus madres o hermanas mayores se acurrucan con el sol a plomo. Su vida gira alrededor de los surcos de las agroindustrias donde sus padres son expoliados.
Desde que aprenden a caminar acompañan a la familia al tlacolol, que es un modo de vivir precariamente en el campo. El machete y el azadón suplen al lápiz y al cuaderno. Cortar leña es fundamental para atizar el fogón de las tortillas. Para el gobierno resulta oneroso garantizar el derecho a la educación de la niñez indígena y para los empresarios es más redituable contratar a personas analfabetas, dispuestas al sacrificio extremo por un mísero salario.
En este enclave del olvido, la muerte es el fantasma que ronda los hogares marcados por la violencia. Los feminicidios se multiplican en Cochoapa El Grande, Metlatónoc y Alcozauca. Los perpetradores son funcionarios municipales, policías y parejas de las víctimas que compran la justicia. Las mujeres jóvenes son arteramente asesinadas a balazos, machetazos y pedradas. Las autoridades son cómplices por su indolencia y decrepitud. Las niñas y niños son testigos de atrocidades que atrofian de por vida su futuro. En Loma Tuza, una bebé quedó pegada al pecho de su madre, quien........
