El imperialismo fósil
A principios de enero, Trump intervino militarmente en Venezuela, secuestró al presidente y a su esposa e intentó tutelar al gobierno que le sucedió con el objetivo de controlar unos yacimientos hidrocarburíferos considerados en magnitud los mayores a nivel mundial aunque de baja calidad.
Casi dos meses después, a fines de febrero, Trump inició la guerra contra Irán en cuyo territorio se encuentran las terceras reservas fósiles conocidas, en este caso de alta calidad. Vertiginosa y cruel secuencia que muestra la modalidad bélica que asume la disputa por la hegemonía global, la intensificación de la llamada guerra global híbrida y fragmentada (Merino y Morgenfeld, 2025). Pero que también señala la significación que en dicha guerra asume el control del petróleo y del gas.
Ciertamente, el vínculo entre guerra y petróleo está muy lejos de ser nuevo. Es bien conocida la larga historia de «Las siete hermanas» manchada de violencias, golpes de Estado y sangre. Asimismo, el dominio del Medio Oriente cumplió en el pasado un papel decisivo en el sustento del imperialismo estadounidense, particularmente con los petrodólares de los años 70. Más recientemente, antes de esta actual tercera guerra del Golfo, tuvo lugar una primera entre 1990 y 1991 impulsada por EEUU y una coalición de 42 países y una segunda en 2003 con la invasión a Irak por una alianza angloestadounidense. La presidencia de George Bush padre en la primera y de George Bush hijo en la segunda, más allá de la continuidad del linaje familiar, expresaron la misma estrategia neoconservadora como respuesta al declive imperial.
En este proceso, el actual ataque estadounidense-israelí sobre Irán marca ciertamente la continuidad de esta agenda, que implica asimismo la pérdida de peso y crisis de la coalición MAGA (Make America Great Again) en la alianza gubernamental. Pero, por otro lado, da cuenta de las novedades, del carácter neofascista y unilateral de esta nueva tentativa de las elites estadounidenses de responder a la crisis de su hegemonía global. Se trata, en todo caso, de un imperialismo cada vez más extremo y más fósil, que es también guerrero y militar.
En la política trumpiana, la potenciación del complejo hidrocarburífero forma parte explícita de su intento de reconstrucción de su potencia global. Así lo formula la doctrina de seguridad nacional promulgada por el Gobierno de Trump, la bautizada «Donroe», al señalar que
"Restaurar el dominio energético estadounidense (petróleo, gas, carbón y energía nuclear) y repatriar los componentes energéticos clave necesarios es una prioridad estratégica fundamental. La energía barata y abundante generará empleos bien remunerados en EEUU, reducirá los costos para los consumidores y las empresas estadounidenses, impulsará la reindustrialización y ayudará a mantener nuestra ventaja en........
