Sol de medianoche
Durante los días más largos del estío, en las altas latitudes de Europa (hablo de lo que conozco) no se llega a poner nunca el sol, por lo que la negrura esperada no aparece: son las llamadas noches blancas, o sol de medianoche, en el círculo polar.
Lo viví en Estonia y también en San Petersburgo. Durante la madrugada, con la luz tenue, todo tiene una extraña atmósfera de irrealidad, de episodio onírico, y uno pasea por las calles a las tantas y siendo día perpetuo, y llega a pensar si se habrá pasado trasegando vodka, o algo echado en la bebida le está dando un mal viaje. Es una experiencia recomendable (que ya vivió Dostoyevski) para veraneantes huyendo de lo peor de la canícula.Yo venía de pasar un largo y severo invierno en el Báltico, con atardeceres a las cuatro de la tarde y temperaturas de más de 20 bajo cero, y aquello era totalmente lo opuesto. Las noches blancas son el débil fulgor que se impone a la oscuridad. No es un sol radiante como si fuera media tarde en Formentera, es más bien una llama de claridad que no llega a apagarse del todo.
Creo que algo parecido ocurre con España como país. Y como nación. Como ciudadanía y espacio geográfico. El lugar rojigualdo que parece que está a punto de entregar la cuchara, de encarar........
