menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

A la playa con pantalla

26 0
09.08.2026

Son tres chicas adolescentes, en esa edad indeterminada entre los 12 y los 15, sentadas en sus respectivas sillas de playa. Y otros tantos chavales, frente a ellas, tumbados en las toallas. Todos en el grupo, ellos y ellas, están mirando el móvil cuando yo llego al sitio del arenal donde acostumbro a ponerme desde hace casi cuatro décadas. La playa, el paisaje y el paisanaje han cambiado mucho, y servidor también, pues ya no soy ese niño rubio, casi albino, cuyo padre tenía de una mano, agarrando con la otra a mi hermano, y retratados en una foto que aún conservamos. Otros tiempos, misma ubicación. Como animales de costumbres, llevamos toda la vida poniéndonos en el mismo lugar de la ensenada, torciendo el morro, fastidiados, cuando hay otros especímenes derrengados en nuestra zona de aparcamiento, como si tuviéramos derecho a reserva en ese vado imaginario. Uno elige sitio en la playa como escoge lado de la cama o postura en la barra del bar: para toda la vida.Al parecer, existen playas privadas, pero de momento, y como no somos futbolistas ni actores de Hollywood, nos contentamos con que no haya excesivo tumulto alrededor, sin orondas endemoniadas vociferando a los cabroncetes de sus vástagos que se comportan como el ganado; ni pandillas en la edad del pavo, con esos odiosos altavoces portátiles que, como su propio nombre indica, se pueden portar en cualquier lado, y tienen la capacidad de inundar de reguetón una tranquila tarde veraniega. Mandando a tomar por saco la lectura y la serenidad. Cómo algo tan insufrible puede ser considerado música, es algo que todavía no me explico. En los días de más concurrencia, uno ya aspira a que, en su andar zángano, no le echen arena en la cara cuando pasan esos batracios que llevan todos el pelo cortado igual (más corto por detrás de la molondra y en las sienes, más largo en el cogote y en el pináculo del melón, como Blas, compañero de piso de Epi).

El caso es que, cuando veo a los del grupo ensimismados en sus pantallas, lo primero que me pregunto es para qué demonios quiere alguien bajar........

© La Gaceta