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23 años de paz

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22.03.2026

Como persona que pronto encarará la crisis de los 40 (aunque llevo en crisis toda mi vida) siento una leve melancolía cuando sacan, 23 años después, las pegatinas y chapas del ‘No a la Guerra’. Sentimiento provocado no tanto porque sean los mismos: esa mezcla de comunistas trasnochados (disculpen la redundancia), activistas de alfombra roja, pancarteros a sueldo y antiimperialistas nostálgicos del mayor imperio del siglo XX, sino porque el que ya no es el mismo soy yo.

En aquel país que ya fue, y donde las movilizaciones eran contra José María Aznar y su amigo texano, tenía 15 años y todo por delante, experimentaba con la primera novieta ese abanico de variaciones que la naturaleza y la imaginación ofrecen para la unión humana, y ya me iba quedando claro que la lujuria está mal ubicada como pecado capital.Aunque para Gardel 20 años no es nada, aquí parece un mundo. Quizá por haber vivido demasiado deprisa, o por los grandes cambios en la manera de pensar que van asociados a madurar, leer, ver y viajar, o viajar viendo, adquiriendo experiencia, muchas primeras veces, algunos finales, utopías rotas o el amargo despertar del sueño de las revoluciones.Hace 23 años éramos muy jóvenes y muy idiotas, repetíamos un breve repertorio de consignas desde el más absoluto desconocimiento, pero con esa impetuosa determinación que sólo puedes tener cuando eres adolescente y estás lleno de certezas y de hormonas, pero muy verde en todo lo demás. Jugábamos a la insurrección desde la........

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