23 años de paz
Como persona que pronto encarará la crisis de los 40 (aunque llevo en crisis toda mi vida) siento una leve melancolía cuando sacan, 23 años después, las pegatinas y chapas del ‘No a la Guerra’. Sentimiento provocado no tanto porque sean los mismos: esa mezcla de comunistas trasnochados (disculpen la redundancia), activistas de alfombra roja, pancarteros a sueldo y antiimperialistas nostálgicos del mayor imperio del siglo XX, sino porque el que ya no es el mismo soy yo.
En aquel país que ya fue, y donde las movilizaciones eran contra José María Aznar y su amigo texano, tenía 15 años y todo por delante, experimentaba con la primera novieta ese abanico de variaciones que la naturaleza y la imaginación ofrecen para la unión humana, y ya me iba quedando claro que la lujuria está mal ubicada como pecado capital.Aunque para Gardel 20 años no es nada, aquí parece un mundo. Quizá por haber vivido demasiado deprisa, o por los grandes cambios en la manera de pensar que van asociados a madurar, leer, ver y viajar, o viajar viendo, adquiriendo experiencia, muchas primeras veces, algunos finales, utopías rotas o el amargo despertar del sueño de las revoluciones.Hace 23 años éramos muy jóvenes y muy idiotas, repetíamos un breve repertorio de consignas desde el más absoluto desconocimiento, pero con esa impetuosa determinación que sólo puedes tener cuando eres adolescente y estás lleno de certezas y de hormonas, pero muy verde en todo lo demás. Jugábamos a la insurrección desde la........
