Blindar la muerte
Por desgracia, en España el aborto es libre en la práctica desde hace ya muchos años. Fueron los socialistas, naturalmente, quienes abrieron la senda diabólica del asesinato masivo de niños no nacidos con la siniestra ley de 1985; esas eran las leyes que le gustaba hacer a Felipe González, el dirigente al que votaba Feijoo en su gallega juventud. Con aquella ley de supuestos y de plazos, España dejaba de ser una nación defensora de la vida (como había sido durante el franquismo) y dejó que el sacrificio de los inocentes fuera el frontispicio de nuestra nunca bien ponderada democracia liberal. Luego vino la dejadez pepera en este asunto (nada que pueda sorprender), y más tarde la «ley Aído» zapateril para poder matar infantes con menos trabas burocráticas.
Sobre la sangre de un millón y medio de niños asesinados en el vientre de sus madres se ha levantado, pues, el edificio institucional en el que ahora vemos a prostitutas de carretera ocupando puestos de gestión de infraestructuras públicas. Y es lógico que así sea. Cuando abres la puerta a la inmoralidad (y ninguna inmoralidad es mayor que matar a los más inocentes), se rompen las barreras de la decencia y de la dignidad, y ya no hay aberración, ni crimen, ni disparate que parezca excesivo. Porque siempre, siempre sin excepción, la corrupción moral de la clase política precede a su corrupción política.
Ahora, con el Estado hecho trizas y el Gobierno en manos de la mayor mafia que España ha conocido en siglos, llega la inclusión del aborto como «nuevo derecho constitucional», que es un poco como ponerle un lazo brillante de color rojo a un excremento de vaca. Un nuevo salto mortal con tirabuzón en una deriva esquizofrénica de autodestrucción. Convertir, una vez más, la Carta Magna en un kleenex donde se deja el rastro ideológico indeleble de una generación política abominable. Porque si una Constitución deja de ser la garantía de los derechos fundamentales y de la libertades básicas de los ciudadanos de una nación, ¿qué otro destino podría tener que ser depositada cuidadosamente en una destructora de papel?
Dicen Sánchez, la banda feminoide podemita de su Ejecutivo y los medios que se prestan a dar difusión a este nuevo crimen que el objetivo del mismo es «blindar el derecho al aborto» (sic), lo que podríamos traducir como «tapar cualquier salida que pudiera tener el feto para sobrevivir». Un poco lo de la joven Noelia Castillo, cuya muerte por eutanasia, hace unos pocas semanas, fue decretada y ordenada desde el poder político y judicial, sin que ella misma la pudiese retrasar cuando le sobrevinieron dudas de última hora. «Sus órganos ya están concedidos a otra persona…, ¡ahora que no nos venga con que quiere seguir viviendo!», debieron pensar sus verdugos. Es éste el tipo de gente que tiene control sobre el mundo actual.
Como todas las aberraciones del sistema bipartidista, los nuevos derechos basados en atentados a la ley natural y la moral objetiva contienen una insoportable dosis de sarcasmo institucional. Dice el proyecto de ley que la norma será incluida «en el artículo 43 de la Constitución, que trata sobre el derecho a la salud». Porque, como todo el mundo sabe, una parte fundamental de la salud consiste en que te mueras; vamos, en que te maten, para ser más exactos. Pero para esta ralea (insisto, la misma mafia que se está gastando el dinero de nuestros impuestos en fulanas y cocaína, mientras tiene las vías de los trenes como si fuéramos Camerún), es imprescindible no solamente cometer los crímenes más sórdidos y repugnantes, sino además presumir de ellos después bajo el argumento de «ser muy demócratas».
Hay una cosa más que decir sobre este asunto, y es muy importante. Son las mujeres las primeras que deben parar este genocidio silencioso. Ellas, las mujeres sensatas y con sentido común, las que saben que la vida humana no se negocia, ni se limita, ni se negocia. Son las mujeres españolas, que tantas muestras han dado a lo largo de nuestra historia de saber llevar los pantalones mejor incluso que muchos hombres en momentos especiales, las que deben poner pie en pared, y decir basta. Venciendo la tentación de dejarse engañar por la palabrería infame, demagógica y vulgar de esta generación política indecente que lleva medio siglo gobernando. Dar un puñetazo en las urnas y poner la vida de los niños no nacidos por encima de cualquier otra cosa.
