Un pueblo llamado Triste
Todo agosto ha olido a humo. En la televisión, un helicóptero pasaba una y otra vez por delante de los mallos de Riglos con su cubo colgando, tan pequeño contra aquella pared encendida que parecía un hombre empeñado en apagar una casa con un vaso de agua, y el rótulo iba soltando nombres de pueblos desalojados, Centenero, Santa María de la Peña, Santa Cruz de la Serós, hasta que soltó uno que me hizo subir el volumen. Luego hablaré de él. Me acordé, viendo aquello, del verano en que el fuego bajó al valle del norte donde mi familia tenía un prado, cuando yo andaba por los diez u once años y los incendios todavía no salían por la televisión: salían por la puerta del bar.
Era un agosto como este, de hierba agostada y de avisperos. El fuego coronó el cordal a media tarde y desde el pueblo se veía la línea naranja avanzar ladera abajo con una calma casi administrativa, sin prisa ninguna, como quien sabe que nadie va a venir a........
