Mi capirote y yo
España no es un país «aconfesional». Lo que es «aconfesional» es el Estado. El término «aconfesionalidad», en política, significa que el Estado no se identifica formalmente con ninguna confesión religiosa en particular. Ahora bien, un país es algo más que un Estado. El Estado sólo es la maquinaria administrativa que organiza —mejor o peor— una comunidad política. Un país es, además y sobre todo, un conjunto de gente, una identidad colectiva, una cultura heredada, una lengua común, una historia compartida, unos referentes estéticos, unas creencias generales más o menos homogéneas, también un cierto estilo de vida. A eso podemos llamarlo nación, incluso en el caso de aquellos países que, como España, llevan medio siglo sujetos a un proceso de desnacionalización galopante. Y todas esas cosas, en España, en «este país», son irremediablemente católicas, por más que una porción importante del paisanaje ya no crea en Dios y por más que el Estado se obstine en presentarse como «aconfesional».
La Semana Santa es un perfecto ejemplo de esa catolicidad........
