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Garzón nos ofrece la Verdad

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30.03.2026

Al igual que Franco, pero por otros motivos, George Orwell es un personaje de plena actualidad en la España de hoy. El primero murió hace más de medio siglo, el segundo, hace más de tres cuartos de centuria. Ambos, sin embargo, reaparecen de forma constante. Si Franco es casi una monomanía de izquierdistas y secesionistas, Orwell es un recurso socorrido cuando se habla del control al que se somete a una sociedad cada vez más tecnológica. El Gran Hermano no es sólo un programa capaz de acuñar frases como aquel, «¿Quién me pone la pierna encima para que no levante cabeza?», ya en desuso. El Gran Hermano es un elemento central de la obra más citada de Orwell: 1984.

Como si se hubiera inspirado en la obra orwelliana, el Gobierno ha anunciado la puesta en marcha de una «Comisión de la Verdad», secreción del Consejo de la Memoria Democrática, esa que amplió el oxímoron zapateril,«Memoria histórica». La comisión tiene el propósito de indagar acerca de las violaciones de los derechos humanos cometidas en el periodo que abarca la así llamada Memoria democrática, con el consiguiente desajuste de fechas, pues los Derechos Humanos se aprobaron el 10 de diciembre de 1948 en París. Es decir, casi una década después de que la Guerra Civil española terminara, cuando todavía estaban presentes los horrores de la II Guerra Mundial. Como mero recordatorio, conviene tener presente que el bloque soviético y Arabia Saudita votaron en contra.

Acaso por vincularse a tales derechos, a los que el mundo musulmán enfrentó otros alineados con la ley islámica, el Gobierno de progreso, el constructor del muro, ha colocado en la presidencia de la Comisión a un jurista como Baltasar Garzón. A un, en definitiva, exmagistrado, pues Garzón fue expulsado de la carrera judicial por un delito de prevaricación. Un ex juez que en su día pidió la partida de defunción de Franco, en un acto tan formalista como ridículo.

Sea como fuere, la Comisión, que no Ministerio, pues nuestro gobierno no se ha orwellizado tanto todavía como para dotar a Garzón de esa cartera, ya ha cristalizado. La Comisión busca una Verdad con mayúsculas. Una «verdad» unívoca, a la que no sería de extrañar que le añadieran el calificativo de «científica», tan caro para el inquilino de La Moncloa. Ciencia —Make Science Great Again, para los iniciados— frente a oscurantismo, Verdad democrática frente a falsedad franquista. Tales son los pares que maneja un Gobierno conocedor del público al que se dirige.

A tan alto objetivo se dedicará el, en palabras de Pilar Urbano, «hombre que veía amanecer». Sin embargo, Garzón no velará solo. En su insomnio estará acompañado por Helen Duffy, Julián Casanova, Araceli Manjón-Cabeza, Manuel de la Rocha, María Alejandra Vicente, Silvina María Romano, Cristina Monge, Sebastián Martín Martín y Francisco Erice. Toda una garantía de objetividad. Todo un blindaje, paritario, contra el sectarismo.

La Comisión, en suma, no es más que una herramienta al servicio de una estrategia maniquea que divide nuestro espectro ideológico entre demócratas, ámbito en el que caben, incluso, etarras y otros terroristas, entendidos como antifranquistas, y fascistas. Así de simple y de operativa es la lógica a la que se pliegan muchos españoles a los que el gobierno dota de una dosis de legitimidad. La que ofrecerá una Comisión cuyos resultados serán publicitados para que el combate, esa ficción, contra el franquismo, prosiga.


© La Gaceta