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El discurso de Rubio y la quema de pines 2030

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17.02.2026

Un año después de Vance, el discurso de Rubio en la Conferencia de Seguridad de Munich fue mucho mejor recibido. Vance parecía leer la cartilla, Rubio tender la mano. Entre los dos terminan de dibujar la estrategia de seguridad trumpiana sobre la base de una evidencia y un diagnostico.

La evidencia es que el famoso «orden mundial basado en reglas» ya estaba bien roto al llegar Trump (basten Ucrania o Gaza como ejemplos).

En cuanto al diagnóstico, ¿hasta qué punto puede ser locura el trumpismo cuando parte de reconocer, precisamente, la hibris de los EE.UU? La idea de que, derribado el Muro, la hegemonía demoliberal planetaria llegaría por el libre comercio. En 2001 se derriba  el World Trade Center y China entra en a Organizacion Mundial del Comercio. La desindustrilización occidental, redoblada con el escrúpulo climático, fue una mala decisión, reconoce Rubio, y junto a ella la inmigración masiva.

Las consecuencias nos alcanzan. No se trata de un conflicto entre EEUU y Europa, que no es enemigo americano, sino tercer o cuarto escenario ya. Es una división interna en ambas orillas. Europa puede unirse al cambio de rumbo de Estados Unidos y cerrar fronteras en el Occidente geopolítico o permanecer en su visión globalista porosa a China. Seguirá fragmentada, débil, sumisa y escasamente democrática, pero ahora se le ofrece un paradigma que ya no es de auto-odio y disolución, sino de superación, de pos-poscolonialismo, de participación (secundaria) en un nuevo orgullo expansivo en fronteras como Marte, la tecnología, el Sur Global o la explotación de tierras raras. Se redefinen sin mencionar los enemigos: China  el primero, y (esto es lo nuevo) nosotros mismos. Rubio y Vance señalan un enemigo a Europa dentro de sí: su nihilismo, su desdibujamiento, su falta de voluntad de ser…

El enemigo dentro. Es el esquema de una forma de guerra civil dentro del continente: globalistas frente a soberanistas, con todos los matices, contradicciones y paradojas posibles.

Y los bandos, irreconciliables, se antojan claros… aunque ¿de verdad lo están? Una parte del globalismo europeo, nominalmente de derechas, podría estar escondiendo ya sus pines 2030. Incluso quemando sus pines 2030. En España, el discurso de Rubio fue retuiteado por Ayuso y valorado por medios afines al PP. Algo significativo porque la intervención de Rubio contiene una crítica frontal a las décadas neoliberales, aunque se refugiarán en su reaganiano anticomunismo de experiencia hispana.

El mundo del PP ya guiña el ojo a Trump. O mejor, al trumpismo sin Trump (hay un PSOE bueno y habrá un trumpismo bueno). La sustitución del globalismo por el soberanismo significaría en todo el continente un cambio de élites, pero es posible que algunos se resistan con algo tan viejo como el mundo. En España ya lo hicieron hace 50 años, y los hijos de los mismos, o los hijos de los hijos de los mismos, igual que pasaron del franquismo al antifranquismo sin bajarse del machito, podrían pasar del globalismo al soberanismo tan ricamente. El know-how lo tienen. A Rubio ya lo asumen, y se han puesto serios con el burka. Como quien extiende la toalla para coger sitio en la plancha, irán echando la palabra «libertad» sobre lo que ayer mismo era iliberal y extremista.


© La Gaceta