Cuando la ignorancia ya no produce risa
Ha tenido amplia difusión el vídeo que ha grabado una joven de veinticinco años para confesar que es incapaz de entender el vocabulario de Cumbres borrascosas. La muchacha adquirió la novela con la idea de leerla en tres o cuatro sentadas, pero a las primeras de cambio sus beneméritas intenciones se estrellaron contra una escollera de palabras incomprensibles.
Ella esperaba —lo dice en el vídeo— algo más adaptado al lenguaje de la época, en la línea de los títulos facilones que sus profesores de Secundaria le habían hecho leer durante la época del instituto. No obstante, la experiencia ha ejercido sobre la joven un efecto revelador y del encuentro con este clásico de la literatura ha emergido un testimonio impregnado de un punto de consternación sincera.
Se ha querido ver en este documento un producto sociológico típico. La grabación de la chica habría servido para poner rostro a toda una generación de jóvenes aquejados de una alarmante precariedad expresiva. No hay lugar para la sorpresa aquí. A decir verdad, a nadie le habrá causado estupor el hecho de descubrir que una joven de la España de hoy, lectora asidua —por lo que ella misma comenta— de diversos géneros narrativos, carece de la base léxica imprescindible para avanzar sin........
