¿Hay futuro?
Cierto grado de incertidumbre hace de la vida una experiencia estimulante. Miras hacia el horizonte y lo percibes abierto. Hay un ancho espacio para la sorpresa y la improvisación. Nada está decidido de antemano y mientras dura la posibilidad de que suceda lo imprevisto cada cual es dueño de escoger el color en el que desea envolver el futuro.
Es verdad que a medida que el tiempo pasa ese color se oscurece. El camino se estrecha, el paso del tiempo refrena nuestro impulso y el roce tantas veces inclemente con la realidad se encarga de enfriar la temperatura a la que se hornean nuestras ilusiones. Pero mientras uno es joven en su visión del porvenir predominan las gamas alegres, las tonalidades vivas. El futuro es un lugar apetecible abarrotado de una luz matinal. Partir a su encuentro es iniciar una aventura en el transcurso de la cual nos convertimos en la clase de persona que probablemente ya seremos para siempre. De modo que al iniciar la marcha —una marcha que se prolongará durante años, en la que habrá que superar infinidad de obstáculos y enfrentar incontables........
